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25 diciembre 2012

Equivocarse en la esperanza

[Intervención en la charla "La tragedia siria: situación actual y desastre humanitario"]


Como dice el cartel, soy periodista hispano-siria. Como periodista siento gran admiración y respeto por personas como Diego Represa, Antonio Pampliega y tantos otros que arriesgan sus vidas cruzando la frontera para contarnos lo que ocurre en Siria. Son nuestros ojos y la voz de los que no la tienen, son como una prolongación de nuestros sentidos.

Preparando la charla y pensando en el periodismo de guerra, he recordado un libro que he leído recientemente. Se titula "Donde la tierra arde" y narra los últimos días de María Grazia Cutuli, una periodista italiana que muere en Afganistán junto al corresponsal español de El Mundo, Julio Fuentes, en noviembre del 2001. El libro comienza con las palabras del obituario que le dedicó Arturo Pérez-Reverte a su compañero. En una parte escribía que para reporteros como él "[La guerra era] un extraño hogar con reglas precisas, simples, donde el malo es quien te dispara y el bueno es aquél cuya sangre te salpica, y el resto son milongas."

La semana pasada Antonio Pampliega nos contaba que, desde el frente donde ha cubierto la batalla de Alepo, la del Ejército Sirio Libre, apenas había visto combatientes o soldados muertos y que las víctimas son mayoritariamente civiles. Es lo que también nos acaba de contar Diego Represa. "Esa sangre que salpica" quedaba bien reflejada en el vídeo que grabó Antonio donde un reguero rojo salía del hospital Al Shifa tiñendo las calles de Alepo.

Ellos nos han contado su testimonio y yo vengo a contar el mío, mi testimonio como siria más que como periodista. Os hablaré de las campañas de Ayuda Humanitaria que lleva a cabo la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio y os contaré la historia de alguien que ya no tiene voz.

A muchos residentes sirios en España la revolución les sorprendió estudiando, trabajando, pensando quizá en pasar las vacaciones de verano en Siria. A mí la revolución me sorprendió allí, llevaba cinco meses estudiando árabe en Homs, allí tenía y tengo a la familia y tenemos o teníamos una casa. Convivía con una compañera de piso de Hama y solía ir a la universidad Al Baath a clases de árabe tras haber terminado mi carrera en Madrid.

Cuando en enero cae el régimen de Ben Alí en Túnez y de Hosni Mubarak en Egipto, yo observo la reacción de mi entorno, preguntándome cual será la respuesta de los sirios a la "primavera árabe". La tensión empezaba a ser latente y las reacciones eran diversas. Los jóvenes se atrevían a manifestar cierta esperanza de que Bashar acelerara las reformas que llevaba prometiendo desde hace años, pero no se atrevían a desear un cambio de régimen. Los más mayores incluso deseaban que permaneciera el statu quo, querían pasar el resto de la vejez tranquilos. 

Pero la mecha prende en Deraa, con las pintadas de unos niños en las paredes de su colegio y se expande como la pólvora por las demás regiones. A Homs llega el 18 de abril. El entierro de varios manifestantes asesinados el día anterior en localidades que rodean la ciudad se convierte en una marcha de protesta desde la mezquita donde se celebra el rito fúnebre hasta el cementerio. Tras enterrarlos se reúnen en la plaza del reloj nuevo, el Tahrir de los homsis, y se establecen allí con la idea de acampar. Hombres y mujeres, mayores y jóvenes, corean "El pueblo quiere la caída del régimen"  y "somos pacíficos". Al anochecer, la tragedia. Las fuerzas de seguridad los dispersan a balazos. Algunos son heridos y son trasladados en volandas al hospital. Varios mueren. Aún se desconoce cuántos.



Yo no estuve allí, pero escuché los disparos. No se detuvieron en toda la noche, junto a estremezodores Alahu Akbar gritados por megáfonos que procedían de la plaza y cuyo eco retumbaba por las calles de la ciudad. Varios de los jóvenes que huyeron tras la violenta interrupción llegaron al barrio y comenzaron a gritar. "No durmáis, nos están matando en la plaza". También los gritos eran de rabia: "Zanga, zanga, dar, dar, bedak rasak ia Bashar (Las dos primeras palabras las pronunció Gadafi en su discurso para amedrentar a los libios, las siguientes significan "queremos tu cabeza Bashar") o también "Bashar, traidor, lleva tus soldados al Golán".

Al día siguiente, abandoné mi casa. Ya no era segura. Mis primos, con edades comprendidas entre los 20 y los 30, se reunieron en la casa donde pasé los últimos días en Siria. Uno de ellos, Adnan, no sólo había presenciado todo... también lo había grabado: el entierro, el recorrido hasta el cementerio, la concentración, los gritos, los disparos, la muerte. Yo no me atrevía a proponerlo, pero al final surgió espontáneamente. "Adnan, pásale a Laila los vídeos, para que los distribuya en España". Él me miró y afirmó con la cabeza. Nunca olvidaré aquel gesto. Cuando el USB acabó en mis manos, sentía que tenía algo muy valioso. Lo escondí bien mientras me dirigía al aeropuerto.

Cuando aterricé en España, intenté difundir la matanza. Pero el miedo a las represalias contra mi familia en Siria pesaba más. Las concentraciones frente a la embajada eran peligrosas. Sabíamos que miembros de la embajada nos hacían fotos que luego enviaban a la mujabarat (inteligencia siria). Incluso varios de nosotros fuimos amenazados. Pero el 1 de agosto de aquel año, perdí el miedo. Mi padre me llamó para informarme de que habían asesinado a Adnan. Un francotirador acabó con su vida en el acto. Minutos antes sostenía un cartel frente a una decena de fuerzas de seguridad en la calle del Estadio. Lo mataron porque no supieron cómo defenderse frente a un joven que pedía un cambio en la calle, desarmado y a pecho descubierto: eso era un acto revolucionario contra el que no supieron combatir excepto con la violencia.

Fue un punto de inflexión. Me uní a la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio. Participé en charlas, entrevistas, organizamos campañas de ayuda humanitaria.. y también, escribí artículos donde edité sus vídeos. Tenía que difundir las imágenes por las que dio su vida.

Después de dos años de revolución, de masacres y penurias, de violencia y desesperación, intento mantener vivos los ideales por los que tantas vidas se han perdido. Hay una frase de un libro que acabo de leer, "Los desorientados", de Amin Maalouf, que me ha gustado: "Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación". Es el lema de los sirios.

Porque dejarse llevar por las circunstancias es lo fácil. Fácil para algunos decir que hay una guerra civil en Siria, haciendo un análisis superfluo de los acontecimientos. Fácil decir que es un conflicto sectario-religioso. Fácil criticar los errores de los rebeldes, magnificarlos y despreciar los cientos de civiles que mueren a diario. Fácil dejarse llevar por el odio, cuando han asesinado a toda tu familia y sientes frío y hambre en un campo de refugiados. Es legítimo, pero fácil.

Es fácil agarrarse a un clavo ardiendo en la desesperación. Fácil dejarse llevar por la ideología que nos interesa, ponerse una venda en los ojos y defender a un tirano. Fácil defender el laicismo desde fuera, fácil decir que los verdaderos héroes son los que defienden la democracia exportada de Occidente mientras miran impasibles cómo mueren bombardeados desde aviones MIG 23 o con misiles Scud.

Lo difícil es seguir manteniendo los principios que inspiraron esta revolución. Difícil mantener vivos a Adnan, a Giath Matar, a Basel Shehade... Difícil explicar por qué empezó y cómo terminará esta revolución que está rodeada de intereses geoestratégicos y de países que quieren abortarla, difícil convencer a ciertos sectores de la oposición que alimentar el odio no es la solución, difícil no rendirse. Difícil mantener la esperanza de que los sirios puedan reconstruir el país que deja en ruinas Bashar Al Asad.

Pero prefiero equivocarme en la esperanza, que acertar en la desesperación.

25 diciembre 2011

La revolución siria: diez meses de gestación histórica

“La primera vez que grité libertad fue la primera vez que me sentí dignificado”, escribe en Twitter el activista sirio conocido como Alexander Page. Para los que son simples espectadores, las aspiraciones de los sirios son papel mojado bajo la tiránica dirección de Bashar. Sus incursiones armadas contra la población civil hacen pensar en la imposibilidad de que el movimiento democratizador triunfe y se consolide. 

Se olvida que el proceso revolucionario que comenzó el 15 de marzo en la ciudad de Daraa no sólo pretende derrocar al régimen, sino establecer las bases de una unidad nacional. El rancio antiimperialismo y la mera lealtad a los ideales del partido Baaz privaron al pueblo sirio durante cuatro décadas de su auténtica identidad. A pesar de la incertidumbre que asola nuestros corazones, durante estos diez meses de intensa resistencia hemos sido testigos del empoderamiento de una ciudadanía oprimida.

Una nueva Siria se ha ido gestando entre gritos de protesta y derramamiento de sangre. La Siria incipiente se caracteriza por:

1)     El reto del movimiento no violento frente a la represión
2)     La superación del miedo como camino hacia la dignidad
3)     El despertar del pueblo sirio del letargo ideológico 
4)     El empoderamiento ciudadano frente a la censura 
5)     Una nueva percepción sobre quienes son los enemigos y los aliados

1) El reto del movimiento no violento frente a la represión

Estos videos se grabaron el mismo día, el 18 de abril del 2011, en la ciudad de Homs. En el primero una multitud clama a pleno día por la caída del régimen. Es un día caluroso y los entusiasmados manifestantes se riegan de agua unos a otros. Lo único que tienen en la mano son botellas de plástico. Gritan que son silmie, es decir, pacíficos y sus caras irradian felicidad. Horas después, la plaza del reloj nuevo está casi desierta y los ruidos de los disparos son atronadores. Varios manifestantes corren entre las balas. Se vuelven a escuchar los mismos lemas y el cámara se ríe, pensando que los tiros no los silencian. Es el sabor de la libertad. Pagó con su vida ese atrevimiento. Lo mataron cuatro meses después; pero su testimonio no morirá nunca.



2) La superación del miedo como camino hacia la dignidad

Partidarios de la familia Assad en Homs. / Laila Muharram
“Revolution, revolution”, gritó Abu Jaled frente a la televisión del salón de su casa. Las imágenes reproducían nítidamente la plaza Tahrir colmada de manifestantes que celebraban eufóricos la caída de Mubarak. “No grites que nos oirán los vecinos” dijo Nura, su mujer. Abu Jaled reprimió su alegría y cerró la puerta de la terraza. Viví esta escena en Homs aquel 11 de febrero histórico. Mientras los ojos del mundo entero estaban pendientes de los egipcios, yo observaba con ansiedad la reacción de mis vecinos..

El miedo ha sido el arma más poderosa del régimen sirio. Los servicios secretos, la temida mujabarat, ostentan una red de informadores presentes en todos los espacios públicos del país. Quienes atentaban contra “el orden público” eran inmediatamente detenidos o torturados en el peor de los casos. Nadie se arriesgaba a opinar delante de personas que no conocía,  ni siquiera de las que conocía. También inspiraban temor las historias sobre la masacre de Hama. Terror a que la barbarie se repitiese. Tenían razones suficientes para creerlo. Y sobre todo, persiste aún el miedo al cambio, a que los próximos dirigentes inciten al odio sectario y a la sed de venganza.

A partir de 15 de marzo, la esperanza desafió al miedo y miles de sirios, cansados de esperar reformas políticas que no llegaban nunca, salieron a la calle en solidaridad con sus hermanos de Daraa. Vencer el miedo ha sido la sentencia de muerte de más de 5.000 sirios hasta la fecha, sin contar los desaparecidos, detenidos o torturados, pero también el único camino posible para vencer a la dictadura y recuperar la dignidad. Hoy Abu Jaled no susurra en el salón de su casa, sino que grita en la calle junto a miles de personas como él.

3) El despertar del pueblo sirio del letargo ideológico

Aquel terrible 18 de abril yo misma grabé estas imágenes. La escena es paralela a lo que está ocurriendo en la plaza del reloj nuevo. Algunos jóvenes que volvían de manifestarse participaron en esta protesta espontánea. Gritan: “Bashar, traidor, lleva tus soldados al Golán”.

  
La dictadura ha hecho un increíble daño a la identidad del pueblo sirio. El enfoque antiimperialista se granjeó la simpatía de quienes preferían malo conocido que bueno por conocer. El ideario político fiel al régimen corrompió las verdaderas aspiraciones de los sirios. La principal preocupación era preservar la estabilidad del país y basaron las estructuras del estado en la seguridad. Las amenazas externas eran más importantes que las reformas internas. La dinastía Assad presumía de su enemistad con Israel pero no protagonizó ni una sola incursión militar para recuperar los Altos del Golán. La terrible paradoja es que no ha dudado ni un sólo momento en usar el ejército contra su propio pueblo.

Durante estos diez meses de gestación, Siria se consume como el ave fénix para volver a empezar. La nueva nación libre sólo sobrevivirá gracias a la colaboración de la mayor parte de los grupos sociales, que formarán la nueva identidad nacional. Es la única solución que garantizará la transición hacia la democracia: sin violencia y sin miedo.

4)El empoderamiento ciudadano frente a la censura


Giath Matar repartía flores a los soldados. La voz de Qashush y su canción “Vete Bashar” se convirtió en el himno de la revolución. Los nombres de los mártires sustituyen ahora los nombres de las calles donde fueron asesinados. Se colocan publicaciones clandestinas en las puertas de las casas. Se tiñen de rojo las fuentes de Damasco en homenaje a los mártires. Los activistas encontraron en Internet el medio por el que difundir las ideas que no podían expresar en público: convocan manifestaciones cada viernes con nombres diferentes que intentan trasladar las exigencias del pueblo al ámbito internacional, fabrican pancartas, graban videos de la represión, hablan a los medios internacionales...

Difícilmente podremos olvidar este año quienes, a pesar de vivir inmersos en una pesadilla, nos sorprendíamos de la capacidad de sacrificio y resistencia de quienes diariamente veíamos morir. La prohibición de la entrada a la prensa internacional en el país fomentó el periodismo ciudadano que ha sido fundamental para demostrar las atrocidades que comete el régimen. La censura ha dejado de ser un obstáculo y la red social es la herramienta más frecuente para transmitir y adquirir información.

Las nuevas formas de comunicación son la ventana al mundo por el que nos asomamos para hacerles saber que no están solos.

5)Una nueva percepción de quienes son los enemigos y los aliados

Un nuevo paradigma internacional se abre paso tras la primavera árabe. A pesar de la clara violación de derechos humanos, Nasrallah de Hezbolá se ha mantenido fiel al régimen a costa del sufrimiento del pueblo sirio. El líder chií era admirado y respetado por su enfrentamiento con Israel, algo que interesaba a Bashar, que le suministraba armamento. Mientras Hezbolá desafiaba abiertamente al enemigo, el sátrapa utilizaba los acontecimientos para confortar a un pueblo humillado tras la ocupación de los Altos del Golán. Además, al régimen le interesaba distraer a los sirios con asuntos del ámbito internacional para que no reaccionaran ante las injusticias que él mismo cometía contra su pueblo. Otra de las razones que esgrimía para mantenerlos a raya era que sus vecinos, en especial Israel, eran países beligerantes y que por eso tenían que gastar grandes cantidades del presupuesto en la seguridad del estado, obligando a retrasar las reformas prometidas.

Tras comprobar el doble rasero de Nasrallah, que apoyaba las revoluciones árabes en todos los países menos en el que no le interesaba, el pueblo sirio se desengañó de aquel matrimonio de conveniencia. Lo mismo ha ocurrido con Irán, país que no tiene ningún reparo en administrar armamento a su mayor aliado en la región para ahogar el levantamiento. Dos años antes, él mismo contuvo la insurrección ciudadana, la llamada marea verde, como consecuencia del fraude de las elecciones que renovaron la permanencia en el poder a Ahmadineyad. A Teherán le interesa que la revolución siria no triunfe porque perdería a su mejor socio y además, se arriesgaría a que una nueva revuelta sacudiera las bases de su propio estado.

Por otro lado, partidarios de la ideología de izquierda respaldan la versión del régimen y atribuyen los asesinatos a un complot orquestado por agentes de la CIA, Israel, Arabia Saudí y Qatar para derrocar a Bashar. En especial, sectores de la izquierda española se dedican a desprestigiar las informaciones que recogen tanto los activistas sobre el terreno como los corresponsales que se atreven a entrar en el país. El argumento recurrente es afirmar que los organismos internacionales sólo denuncian a los países contrarios a Occidente, mientras que otros países como Bahrein caen en el olvido.

Este ejercicio de libertad de expresión enriquecedor contrasta con las prácticas de los países que defienden, como Siria, donde activistas como Razan Ghazawi y Hussein Ghrer o caricaturistas como Ali Ferzat han sido arrestados o torturados recientemente. Sin duda, la comunidad internacional debería responder rotundamente en todos los casos de fragante violación de derechos humanos, pero ni siquiera actúan en los casos donde, según la izquierda, “les interesa”.

Ni la Liga Árabe ni Occidente han conseguido detener la ola de violencia. Bashar juega sus cartas al tiempo que barre las protestas y se erige asimismo como el único gobernante que puede mantener estable a la nación. Los últimos atentados en Damasco, cuya autoría despierta recelos entre la oposición, generan dudas sobre el éxito de la insurrección ciudadana y confirman las sospechas de que Bashar prefiere hundir el país que abandonar el poder. Pero quedan motivos para la esperanza. Es cuestión de tiempo. La nueva Siria tiene que nacer.

28 mayo 2011

Dos años de indignación


Caricatura de Forges

Recuerdo la primera vez que me sentí profundamente indignada. Ocurrió a principios de mayo del año 2009 en la escuela Julián Besteiro, donde participaba en un seminario de Periodismo Solidario auspiciado por la Oficina de Acción Solidaria y Cooperación (UAM) y Escuela de Periodismo UAM-El País.

El seminario se titulaba Palestina: identidad, resistencia, paz y los ponentes que lo formaban eran muy diversos, cada uno indispensable para el posterior debate. Lo mejor del seminario (y de los que se celebran cada año en el recinto) es que brinda la oportunidad de hablar cara a cara con los ponentes en una mesa redonda, donde cada uno expresa su opinión.

Aún tengo muy presente esa sensación de pequeñez que me invadía cada vez que hablaba el arabista Pedro Martínez Montávez  o cuando narraban sus experiencias Teresa Aranguren o Maruja Torres, o el escalofriante relato de Alberto Arce recién llegado de Gaza, que nos dejaba sin aliento con su  to shoot an elephant. Nadie quedó indiferente ante las palabras de Raji Soruani, ni de los activistas de las organizaciones no gubernamentales. Si queréis echar un vistazo a la lista de participantes, podéis hacerlo aquí.

Aquel torrente de ideas prendió como la pólvora. Hubiese preferido que todo aquello hubiera llegado en pequeñas dosis porque asimilarlo no fue fácil. No era fácil asomarse al abismo en tan poco tiempo. Volvía a casa como alma en pena. No podía dejar de darle vueltas en la cabeza a todo lo que había escuchado. 

Palestina se me descubrió desnuda, como una dama que desvela sus secretos más profundos de la noche a la mañana. Descubrí la poesía de la resistencia, descubrí su identidad escondida entre décadas de injusticia, descubrí un drama diario que no cesaba desde hace un siglo. Descubrí mi más absoluta ignorancia, que me aplastaba cada vez que los escuchaba.

Pronto descubrí que muchas de aquellas personas vivían con ese peso desde siempre. Sería imposible hacer una síntesis de las charlas, pero os dejaré estas dos ideas que no quiso dejar pasar el arabista Pedro Martínez Montávez: la primera, que la causa esencial del conflicto es la desestructuración, es decir, el desmembramiento que por culpa del colonialismo ha dividido a todo el mundo árabe; y el segundo, que en esta región hay Estados-nación jóvenes en países viejos.

También se habló del papel fundamental que juegan el lenguaje y la memoria. El lenguaje como instrumento para describir la realidad más auténtica; las lenguas como llave para alcanzar otras identidades. La memoria, por su parte, fundamental como ejercicio de reflexión constante de las causas que motivan un suceso, contextualización y reconocimiento de las injusticias que nunca llegaron a juicio de nadie.

Si hoy quería rescatar este seminario es porque efectivamente el testimonio en primera persona de aquellas personas me abrió las puertas a lo que vendría después. Recuerdo, por ejemplo, que me aterraba la idea de que el mundo árabe nunca volviera a revelarse. Sentía cierta envidia de Maruja y Teresa que habían conocido “la suiza de Oriente Medio”, como llamaban entonces al Líbano, y me quedaba un nudo en el estómago cada vez que dejaban caer que eran “otros tiempos”.

Porque, ¿qué pasaba si nunca volvían a revelarse? Yo me negaba a creerlo. Lo harían y yo debería estar preparada para cuando llegara ese momento.

Manifestantes en la plaza Tahrir de El Cairo 
dando las gracias a Facebook.
Entonces, apenas se habló de las redes sociales. Nadie se imaginaba todavía el papel que jugarían tan sólo dos años más tarde. Estas redes han sido sobrevaloradas durante los últimos meses. Muchas veces se desprendía de los medios de comunicación que facebook había sido el instrumento que había provocado la caída de Ben Alí y de Mubarak. Sin embargo, fue el trabajo diario de los activistas del mundo árabe durante los últimos años la clave para explicar este fenómeno que se ha denominado Primavera Árabe.

Lo que las redes sociales han aportado al pueblo árabe es un vínculo común donde expresar su indignación. Todo se iba gestando lentamente detrás de los políticos que no los representaban. Y así, las redes sociales permitían el diálogo entre la sociedad civil de Túnez, Egipto, Bahrein donde se compartían opiniones y propuestas hasta que llegaron a ser los auténticos espacios de libertad de expresión que los jóvenes no tenían en sus respectivos países.

El ser humano se ha ido deshumanizando de tal forma que hemos tenido que recurrir a Internet para recordarnos que somos seres sociales y que no debemos permitir que alguien tome la palabra por nosotros. Ese es exactamente el valor de las redes sociales, que contribuyen a la comunicación horizontal. La información ha dejado de ser unidireccional. La interactividad es el nuevo paradigma que debe transformar a la sociedad, porque es la mejor forma para enriquecer y enriquecerse.

Manifestantes rezando en el Reloj Nuevo 
de la ciudad de Homs (Siria) el día 18 de abril



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Cuando empezó la revolución en Siria, yo estaba allí estudiando árabe. Me acordé de aquel seminario y no me sentía preparada en absoluto. Ahora me resultaba irónico haberme preguntado alguna vez por qué no se revelaban. El pueblo sirio se estaba levantando en directo ante mis ojos y el régimen lo abatía a balazos. Me sentía impotente. Homs era y es una ciudad convulsa, llena de jóvenes que han perdido el miedo a salir a la calle y piden a gritos la caída del régimen.

Tener que volver y dejar aquello ha sido duro. Pero no debería sentirme inútil. Debería dejar de obsesionarme por no haber acampado en Sol desde el primer día con una pancarta apoyando la revolución Siria, debería acordarme de lo feliz que me hace entender el árabe en las noticias. Debería pensar más en el futuro, que lo habrá, porque las balas no silencian las ideas. Debo seguir estudiando Historia y aprendiendo lenguas. Y cuando el tiempo sea propicio y triunfe el sentido común de una vez por todas en Siria, estaré preparada. Entonces podré sentirme un poco menos indignada.

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