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16 agosto 2015

Sobrevivir a los barriles de la muerte

Isidro Serrano Selva

Un equipo de MSF trata de salvar en Jordania a las víctimas de la guerra en Siria desde un hospital que se encuentra a tan sólo cinco kilómetros de la línea de fuego.


Cuando el silbido te taladra los tímpanos ya es demasiado tarde. Suena como un misil pero en realidad es mucho peor porque no están teledirigidos. El barril explosivo, una de las principales causas de muerte en Siria según la ONU, puede arrasar una manzana de edificios en apenas unos segundos. Normalmente caen dos al mismo tiempo. Son baratos de fabricar, pesan alrededor de 180 kilos y están llenos de explosivos y fragmentos de metal. Son transportados por helicópteros y lanzados al azar desde lo más alto posible para no ser atacados y causar el mayor número de víctimas.

"Más del 70% de los heridos que recibimos sufren lesiones y múltiples heridas a causa de las explosiones", afirmaba Renate Sinke en Julio, coordinadora del programa quirúrgico de emergencia de Médicos sin Fronteras (MSF) en Ramtha. Hasta este hospital jordano son evacuados los heridos de gravedad de la provincia siria de Deraa y hasta allí se trasladó EL MUNDO, situado a tan sólo cinco kilómetros de la frontera siria, en el norte del Reino Hachemita.

En las dos salas de operaciones del hospital, decenas de médicos desafían a la muerte desde su apertura en Septiembre del 2013. Allí no hay espacio para el odio, nadie sabe quiénes son los pacientes o qué hacían: lo único que importa es devanar el fino hilo que los separa del más allá. Algunos se quedan en la ambulancia o en el quirófano, pero muchos otros, milagrosamente, salvan la vida para volver al horror. "No podemos obligarles a quedarse en Jordania. Algunos fueron trasladados inconscientes y se despiertan aquí. Por eso alrededor de la mitad de los pacientes que sobreviven deciden volver a Siria", explica la doctora jordana Mayed AlAduan, que lleva medio año trabajando para MSF.

Volver al horror

Allí conocimos a Yunes, de 22 años. Las huellas de metralla en su cara dicen todo lo que no le permite su voz. Tiene la mitad del rostro cosido como un muñeco de trapo y tan sólo se asoma uno de sus ojos color miel. Apenas escucha con claridad las preguntas. Tiene las manos vendadas y el resto de su maltratado cuerpo oculto bajo la sábana. Catorce es su nuevo número de la suerte: son las veces que ha sido herido desde que comenzó el conflicto en Marzo del 2011. Lleva cuatro días en el hospital y los médicos no descartan volver a verlo tras darle el alta. "Algunos pacientes reaparecen en el hospital meses después de haberlos operado", reconoce una de las doctoras.

"Antes de la guerra, trabajaba en una empresa que vendía material médico en Damasco. Soñaba con tener una vida normal, casarme y vivir en paz en mi país. Pero en cuanto empezó todo me volví a Deraa", relata Yunes, el paciente que dice haber sido intervenido 14 veces y que recibió a EL MUNDO tumbado en una de las 40 camas que dispone MSF. Prefiere no decir mucho más. Sólo piensa que, pese a lo sufrido o precisamente para mantener viva la esperanza, la situación mejorará. No duda en declarar que volverá a Siria en cuanto se recupere. "Sé que habrá una decimoquinta vez".

Aisha, de 36 años, no está tan segura del futuro de Siria mientras se permita maniobrar a los aviones y helicópteros. Esta mujer de ojos celestes es madre de seis hijos y apenas lleva 5 días en el hospital. Pide que no se le fotografíe el rosto por miedo a que las autoridades sirias la reconozcan. Asegura que un barril explosivo destrozó sus piernas. No piensa en otra cosa que en regresar. "El más pequeño de mis hijos tiene un año y cada vez que hablo con él por teléfono no hace más que repetir: mamá, mamá. Volveré con mis hijos porque son mis hijos y volveré a Siria porque es mi país", dice con voz muy dulce pero firme.

El hospital de MSF se encuentra alojado en un edificio propiedad del Ministerio de Sanidad jordano. Las salas de operaciones y el equipo médico son compartidos por el personal sanitario de ambas entidades. Pacientes jordanos comparten espacio con víctimas de guerra. La mayoría de los pacientes adultos regresan a sus hogares. No desean permanecer en Jordania mientras sus familiares corren peligro en Siria. En cambio, los niños que fueron evacuados junto a sus progenitores tienen la oportunidad de rehacer sus vidas en Jordania.

Un traslado peligroso

La seguridad de saberse a salvo en territorio jordano no libra a los pacientes del ruido de las bombas. Las oyen caer y explotar a cinco kilómetros de allí. Entonces saben que llegarán más heridos. Se activa el mecanismo de evacuación en el instante en que los médicos locales deciden in situ que las lesiones sufridas son de tal gravedad que no pueden ser tratadas en territorio sirio. Los ataques indiscriminados hacen imposible el equipamiento quirúrgico adecuado.

El tiempo es fundamental pero el camino está plagado de checkpoints. Los coches, conducidos exclusivamente por locales -no hay personal de MSF en Deraa-, deben cruzar las áreas controladas tanto por el Ejército Sirio como por sus oponentes. "Después de tantos años, se ha conseguido un acuerdo de libre circulación de las víctimas más graves" recalca Anais, responsable del departamento de Asuntos Humanitarios de MSF, señalando un mapa del país.

Una vez cruzan la frontera de Tal-Shihab, al suroeste de Siria, son recibidos y tratados inmediatamente por la Defensa Civil Jordana. La gravedad de las heridas apremia y no hay tiempo para identificaciones. Los evacuados entran en Jordania bajo un estatuto especial y deberán registrarse como refugiados una vez se hayan recuperado y deseen permanecer en el país.

Si el cuadro clínico es muy complicado, son trasladados en ambulancia hasta el hospital de MSF en Ramtha. "Los pacientes sufren politraumatismos, siendo muy complicadas de tratar las heridas en cabeza y abdomen", explica la doctora Mayd AlAduan. "Sabemos que son barriles bomba por el tipo de lesiones y las marcas de metralla en el rostro y extremidades", revela. Según MSF, el 15-20% de los pacientes sirios que llegan al hospital son niños.

La resolución que no se cumple

Durante el mes de julio Médicos sin Fronteras ha visto un incremento en el número de pacientes víctimas de los barriles explosivos utilizados en la provincia de Deraa. La principal causa de la elevada cifra de muertos en lo que va de conflicto es debido a los ataques deliberados contra zonas residenciales, incluidos los bombardeos indiscriminados y desproporcionados, según declaraba el pasado 23 de junio Paulo Pinheiro, presidente de la Comisión Internacional Independiente sobre Siria.

Para evitar los embistes que se están cebando con la población civil, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó en febrero del 2014 la Resolución 2139 por la que se exigía el cese de los asedios en áreas pobladas, incluido el fin del lanzamiento de barriles de dinamita contra la población civil. Lejos de cumplirse dichas demandas, el lanzamiento de barriles se ha incrementado desde la aprobación de la medida según Human Rights Watch. No existen acciones legales contra los incumplidores porque no se recogieron en dicha Resolución

El riesgo de entrar en Siria por el caos que asola el país hace imposible el trabajo de miembros de organizaciones no gubernamentales que podrían paliar sobre el terreno el sufrimiento humano, así como impide el acceso a periodistas extranjeros que podrían documentar y dar voz a sus víctimas. Ante la incapacidad de la Comunidad Internacional de hacer cumplir su propia resolución, los barriles explosivos seguirán siendo una de las armas más mortíferas en el conflicto sirio.

22 junio 2015

Día Mundial del refugiado: la historia de Al Barakat

Javi Julio / Nervio Foto
Mohamed Al Barakat llegó hace dos años con su mujer y sus cuatros hijos al campamento de Zaatari, en la frontera jordana y a tan sólo 10 kilómetros de su país, Siria. Atrás dejaba un panorama desolador: todo lo que conocía se lo había tragado la guerra. En su nuevo hogar, un habitáculo de chapa, olvidó cómo pronunciar las palabras antes o volver. Para este ex conductor de camiones su presente era el campo y encontró una manera de dar la vuelta a su destino: enseñar taekwondo a una generación de niños marcados por la violencia.


Texto: Laila Muharram y Daniel Rivas Pacheco

Fotos y vídeo: Javi Julio

Para ver el texto completo, pulsa aquí.

22 abril 2015

'Al Asad odia a los médicos porque ayudamos a la gente'

En una clínica psicológica de Amán, el doctor Shafik Amer intenta sanar los traumas de los niños sirios. Su objetivo es que entierren en la memoria el dolor causado por el régimen.

Javi Julio / Nervio Foto


Para ver el texto completo, pulsa aquí.

Escrito por Daniel Rivas Pacheco y Laila Muharram, con fotos de Javi Julio / Nervio Foto


16 abril 2015

El refugio de la risa

Jóvenes sirios entre 14 y 25 años aprenden ejercicios acrobáticos en el campamento de refugiados de Zaatari. Un intento por recuperar su autoestima.


Javi Julio / Nervio Foto

Para leer el texto pulsa aquí


Escrito por Daniel Rivas Pacheco y Laila Muharram, con fotos de Javi Julio / Nervio Foto


11 enero 2015

Sobre Charlie Hebdo, Siria y la libertad


Querido primo,

No he podido olvidar la última vez que nos vimos. Fue en la casa de los conspiradores, cuando esa palabra, mundas, todavía representaba una revolución palpitante, llena de vida, que hoy está sepultada por bloques de hielo. Aquel día te encontré allí, en la casa de Samhar, cuando aún vivía, y sentados en el patio enseñabas los vídeos que habías grabado el día anterior al resto de la familia. Eran mediados de abril y la primavera empezaba a crecer sobre la tierra aunque se acercara para nosostros un largo invierno. Allí estabas tú y los demás, sentados en el patio interior, al aire libre, sin esconderse, enviando aquellas imágenes a los canales por satélite, para que el mundo viera los primeros muertos de la represión del régimen.

No he podido olvidar esas imágenes porque representan todo por lo que después hemos pasado. El 18 de abril del 2011 una gran multitud se congregó en una mezquita de Homs para canalizar la ira causada por el asesinato de dos jóvenes. Tu estabas allí. Desde que los cuerpos sin vida salieron por la puerta hasta que los llevaron al cementerio, mientras pedían a gritos justicia y acabaron en la plaza del Reloj Nuevo. Eran centenares, hombres y mujeres. Hacía calor y los jóvenes se tiraban unos a otros agua, festejando que por fin terminara el miedo, exigiendo por fín una libertad que nunca antes habían experimentado, que ahora reclamaban con el ímpetu de generaciones silenciadas. Era comprensible el júbilo. Tú grabaste sonrisas, palmas, gritos, himnos de que el pueblo permanecería unido, promesas de que las protestas serían pacíficas. En aquel ambiente era fácil creer lo imposible.

Luego llegó la noche, la oscuridad, donde se pueden cometer atrocidades. Donde la impunidad puede arrollar los espíritus más fuertes, como el tuyo. Aunque no estabas dispuesto a entregarte fácilmente. Te quedaste cuando todos te pedimos que no lo hicieras. Te quedaste para grabar el horror, ese del que acabamos acostumbrándonos. Quizá lo hiciste para no acostumbrarte, porque no podías soportar la idea de que la violencia en Siria siempre había sido Ley, y lo seguiría siendo. Te quedaste cuando comenzaron a llover balas, bailando sobre vuestras cabezas, en su juego macabro por quitaros la vida. No querían testigos del deseo de libertad de un pueblo. Y eso implicaba matar a muchos.

Te quedaste y las balas jugaron a incrustarse en las paredes de Homs. Tú grabaste sus huellas, también los agujeros de la metralla en los cuerpos de jóvenes como tú, ensangrentados, que eran transportados por otros hacia un hospital, de esos pocos que eran seguros. Allí te enfrentaste por primera vez con la muerte y ella te vió y no te olvidó. Nunca sabré si sabías que la muerte te andaba buscando y si, en algún instante de los meses que te quedaban de vida, tomaste La Decisión. Esa que cuando uno toma ya no hay vuelta atrás. Esa decisión al que uno siempre se enfrenta al menos una vez en la vida y determina la existencia. Y creo que sí, porque desde entonces grabaste muchas más concentraciones. Te imagino en la cama aquella noche del 19 de abril, intentando dormir, dando vueltas, porque ya sabías que el compromiso tenía un alto precio. Y lo asumiste.

Así, como aquel día, la revolución que ciudadanos como tú empezasteis, se convirtió en tragedia. Durante estos cuatro años, todo lo peor que podría ocurrir, como tu muerte, se hizo realidad. El infierno y la pesadilla se instalaron a vivir entre nosotros. Todas las líneas rojas que se impusieron al régimen fueron violadas, todas las reuniones para instaurar soluciones políticas fueron saboteadas, todas las promesas de ayuda a los civiles incumplidas, todos los actos más macabros que jamás habíamos podido imaginar se cumplieron: los sirios murieron torturados, por armas químicas, de frío, de hambre, de miseria. Cuatro años después, un tiro en la cabeza como el que tú recibiste, parece hasta misericordioso comparado con la deshumanización, la guerra, la sangre fría, el abandono del mundo entero que ignoró nuestras demandas y olvidó nuestro sufrimiento.

Pero yo no te he olvidado. Y ahora, cuando piden, no piden, exigen, que los musulmanes del mundo árabe salgan a la calle en repulsa por el asesinato de los 12 periodistas del Charlie Hebdo -deleznable y repulsivo donde los haya-, y cuando les oigo decir que el Islam tiene un problema con la civilización occidental, y cuando se les llena la boca de una supuesta superioridad moral, yo me acuerdo de ti y me pregunto si alguno, uno sólo, hubiera sido capaz de hacer lo que tú, y muchos como tú, hicisteis en Siria por defender la libertad.

12 diciembre 2013

Feliz cumpleaños


Estas palabras no sirven de consuelo ni de denuncia. Estas palabras no pueden trascender la desazón ni la incertidumbre, el silencio o la impotencia. No pueden ayudar a nadie ni saben cómo hacerlo, quizá por eso han dejado de aparecer en este blog. Proscritas, porque sólo saben hablar de un drama que no cesa y que se va llevando a los seres queridos, uno a uno.

Hace tres años caminaba por esas calles, hace tres años hacía un frío glacial en Homs como hoy hace en Amán. Hace tres años, toda mi vida giraba en torno a un nombre y por ese nombre, hace tres años, tomé esas calles, para buscarlo. No lo encontré, pero me dejó un regalo de cumpleaños: una ciudad en blanco y negro que he enmarcado en mis recuerdos y me acompaña cada día; una ciudad que grabé a fuego en mi memoria bajo la lluvia torrencial; Homs meses antes de una revolución que la dejaría así, devastada.

Homs, cuando apenas nadie la situaba en un mapa y por eso la quería más. Homs cuando sólo era el recuerdo de un amor y me servía de excusa para mantener un estado de melancolía ñoño y barato. Homs aquella mañana del 11 de diciembre del 2010 cuando desperté con la lluvia cayendo sobre la terraza de mi casa en Al Qusur y no se me ocurrió otra cosa más absurda que salir a pasear, bajo el agua. Nunca he deseado tanto en mi vida calarme hasta las huesos, hasta que casi enfermo.

Pero... qué espectáculo, qué regalo para la memoria los ríos en el asfalto, el agua repicando en el cristal de los coches, la calle Al Cornish con sus microbuses, la gente aglomerada en la parada de autobus, ahí sigue la foto de Bashar y sus terribles ojos azules, que parece que lo observan todo... y caminar y caminar y llegar hasta el zoco y descubrir que también las especias celebran la lluvia y despiden sus olores, húmedos, se escurren entre los hombres que también han encontrado refugio bajo la bóveda recién renovada... chorreando agua te miran, unos ojos tras la cortina negra, como si llevaran la casa a cuestas y te observasen por un resquicio… ir a ver a Basel y que te reciba con esa sonrisa que te parece un milagro, un milagro que tardó 15 años en ver la luz, como si volviera a nacer, Basel nació dos veces y por eso Basel no puede morir. 

Dejo la tienda de Basel en el zoco refugiada en un paraguas de flores, me da por comprar un paraguas llamativo, de colores, en medio de esa orgía de grises, de agua gris, de caras grises, de edificios grises... y de especias con olores que no puedo describir. Tengo un destino fijado en mente, una dama que se llama Julia y que me espera en Bustan al Diwan, una dama que ese día se ríe por haberme tatuado sus flores, aunque parece que llora mientras la observo grabada en la roca. Chorreando, le hago preguntas silenciosas y no contesta. Le divierte intentar averiguar si lo que resbala por mis mejillas son gotas de lluvia o lágrimas.

Vuelvo a casa, por entonces sin agujeros de bala, vuelvo a casa y me espera cerca de la puerta Hala, la directora de mi escuela de árabe, es la única que me regala una tarjeta de cumpleaños, para que la recuerde. Hala, con esos ojos desgastados por el tiempo, esas arrugas que enmarcan unas pupilas de hierro, Hala, que no confesará hasta el último día que su hermano desapareció en los años 80 y que lleva décadas esperando verlo entrar por la puerta. Hala, que me regaló la última vez que nos vimos un libro de Palestina que leo aquí en Amán, un  libro sobre la historia reciente de un pueblo que lleva un siglo en el exilio, y que le va pasando el turno a los que le rodean. Ahora Siria, ahora a nosotros. Es imposible huir de las desgracias ajenas; por mucho que huyas, te encuentran.

Era la madrugada del 19 de abril, escuché los disparos, los gritos de los jóvenes volviendo de la plaza del Reloj Nuevo, olían a muerte, todo lo nuevo en Homs suena a chiste, todo ha envejecido como si hubieran pasado siglos, ya nadie reconoce las calles, ya no hay tiendas que reconocer, ni casas, nada. Una semana después volvía en ese avión que me ponía a salvo mientras dejaba atrás a los míos. Dejaba atrás la casa de Samhar, mi segundo padre, alguien que me trataba como a su hija, que me quería y me regañaba cuando me ponía a hablar en inglés, las veces que me decía “Si ya entiendes casi todo, tienes que empezar a hablar” y yo le daba la razón. Las veces que me he sentado a su mesa a comer, las veces que he comido kipi en esa cocina, las veces que su mujer me ha preparado Sakrie, el mejor Sakrie que he comido en mi vida. Su casa era mi refugio, mi bunker familiar contra un régimen que nos declaraba la guerra, de la noche a la mañana ya no te sentías seguro en ningún sitio. Allí conocí  a Adnan, donde me enseñó los vídeos de la matanza, donde aprendí lo que significaba “silmie”,“mundas” y “zaura”.

Uno de aquellos días me levanté temprano. Me dirigía a la cocina para desayunar cuando me encontré en el patio a Samhar, de espaldas, mirando a un punto fijo del muro que nos separaba del mundo exterior, sostenía un cigarro en la mano. Era una imagen escalofriante, aquel momento me hizo darme cuenta de su extrema delgadez, sus camisas siempre le quedaban demasiado grandes, siempre comentábamos el contraste con su mujer, hermosa y de mejillas redondas y sonrosadas… recuerdo detenerme y mirarle, sin que se diera cuenta de que estaba siendo testigo de sus pensamientos… que se escapaban por el humo de ese cigarro, eran negros como una espesa niebla, tan oscuros que podías sentir el frío. Ya nada volvería a ser como antes.

Todos volvíamos pronto a casa, ya no había libertad de movimiento, ya sólo pude ir a casa para hacer las maletas. En dos horas Samhar me esperaba en la puerta con el coche. Yo no quería irme, no quería abandonar mi casa, mi habitación con el mapa de Oriente medio pegado en la pared, mi terraza donde desayunaba, mis libros, mis seis meses en ese piso apenas estrenado, no quería pensar que ya nunca más volvería, era demasiado difícil hacerse a la idea. Me llamaba al móvil constantemente “¿Por qué tardas tanto? Baja ya que se hace tarde.” Mohannad me ayudó a bajar las maletas y yo corriendo hacia el coche me caí y Samhar tuvo que salir del coche para ayudarme… era insoportable el sentimiento de culpabilidad, absolutamente insoportable. Me obligaba a no llorar, a mantenerme fuerte delante de ellos que se quedaban. “Lloras en el avión pero no ahora”, pensaba, mientras venían familiares a despedirse de mi en casa de Samhar, vino Basel y su familia, vino Hala y me regaló el libro con la dedicatoria “Volveremos a vernos en Homs, inshallah”. Lloras en el avión.

Samhar también me llevó al aeropuerto, él y su hija me llevaron a Damasco, de noche y con una luna partida. Antes de llegar, nos detuvieron para registrar mis maletas, querían ver incluso lo que tenía en mi bolso. Yo sentía un odio infinito, pero la humildad y la delicadeza con la que Samhar les habló me enseñaron una lección inolvidable: delante del peligro sosiego, mucho sosiego. “Sólo la llevamos al aeropuerto y volvemos, podéis ver lo que tenemos en el maletero”. “Laila, tu quédate dentro. Laila, enséñales el pasaporte y lo que llevas en el bolso”. En dos minutos nos dejaron ir.

Fue la última vez que vi a Samhar. En el aeropuerto me esperaban unos amigos de mi padre que también regresaban a España. Samhar me dejó con ellos. Allí se quedó con su hija, me vieron alejarme y yo miré atrás. Allí se quedó con su hija. Allí se quedó.

El humo de sus oscuros pensamientos se materializó y estos tres años ha estado asumiendo desgracias, la muerte de su sobrino, el encarcelamiento de su hijo, la emigración a Egipto, la persecución de los sirios en Egipto, un negocio que no funciona, la decisión de volver a Homs… su corazón no ha podido superarlo. Nos ha dejado su risa ronca, su frente plagada de arrugas, su mirada seria… nos ha dejado el peso que llevaba a cuestas para que lo repartamos. Ahora estará regañando a Adnan como me regañaba a mi, le regañará por salir aquella noche a manifestarse, le dirá que dejó a su madre rota, pero luego, cuando haya terminado, volverá a reir con esa risa ronca y quemada por el tabaco, se encenderá su cigarro y nos observará desde ahí arriba, maldiciendo al “kalb” que le rompió el corazón.

Que nos lo rompió a todos.

25 diciembre 2012

Equivocarse en la esperanza

[Intervención en la charla "La tragedia siria: situación actual y desastre humanitario"]


Como dice el cartel, soy periodista hispano-siria. Como periodista siento gran admiración y respeto por personas como Diego Represa, Antonio Pampliega y tantos otros que arriesgan sus vidas cruzando la frontera para contarnos lo que ocurre en Siria. Son nuestros ojos y la voz de los que no la tienen, son como una prolongación de nuestros sentidos.

Preparando la charla y pensando en el periodismo de guerra, he recordado un libro que he leído recientemente. Se titula "Donde la tierra arde" y narra los últimos días de María Grazia Cutuli, una periodista italiana que muere en Afganistán junto al corresponsal español de El Mundo, Julio Fuentes, en noviembre del 2001. El libro comienza con las palabras del obituario que le dedicó Arturo Pérez-Reverte a su compañero. En una parte escribía que para reporteros como él "[La guerra era] un extraño hogar con reglas precisas, simples, donde el malo es quien te dispara y el bueno es aquél cuya sangre te salpica, y el resto son milongas."

La semana pasada Antonio Pampliega nos contaba que, desde el frente donde ha cubierto la batalla de Alepo, la del Ejército Sirio Libre, apenas había visto combatientes o soldados muertos y que las víctimas son mayoritariamente civiles. Es lo que también nos acaba de contar Diego Represa. "Esa sangre que salpica" quedaba bien reflejada en el vídeo que grabó Antonio donde un reguero rojo salía del hospital Al Shifa tiñendo las calles de Alepo.

Ellos nos han contado su testimonio y yo vengo a contar el mío, mi testimonio como siria más que como periodista. Os hablaré de las campañas de Ayuda Humanitaria que lleva a cabo la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio y os contaré la historia de alguien que ya no tiene voz.

A muchos residentes sirios en España la revolución les sorprendió estudiando, trabajando, pensando quizá en pasar las vacaciones de verano en Siria. A mí la revolución me sorprendió allí, llevaba cinco meses estudiando árabe en Homs, allí tenía y tengo a la familia y tenemos o teníamos una casa. Convivía con una compañera de piso de Hama y solía ir a la universidad Al Baath a clases de árabe tras haber terminado mi carrera en Madrid.

Cuando en enero cae el régimen de Ben Alí en Túnez y de Hosni Mubarak en Egipto, yo observo la reacción de mi entorno, preguntándome cual será la respuesta de los sirios a la "primavera árabe". La tensión empezaba a ser latente y las reacciones eran diversas. Los jóvenes se atrevían a manifestar cierta esperanza de que Bashar acelerara las reformas que llevaba prometiendo desde hace años, pero no se atrevían a desear un cambio de régimen. Los más mayores incluso deseaban que permaneciera el statu quo, querían pasar el resto de la vejez tranquilos. 

Pero la mecha prende en Deraa, con las pintadas de unos niños en las paredes de su colegio y se expande como la pólvora por las demás regiones. A Homs llega el 18 de abril. El entierro de varios manifestantes asesinados el día anterior en localidades que rodean la ciudad se convierte en una marcha de protesta desde la mezquita donde se celebra el rito fúnebre hasta el cementerio. Tras enterrarlos se reúnen en la plaza del reloj nuevo, el Tahrir de los homsis, y se establecen allí con la idea de acampar. Hombres y mujeres, mayores y jóvenes, corean "El pueblo quiere la caída del régimen"  y "somos pacíficos". Al anochecer, la tragedia. Las fuerzas de seguridad los dispersan a balazos. Algunos son heridos y son trasladados en volandas al hospital. Varios mueren. Aún se desconoce cuántos.



Yo no estuve allí, pero escuché los disparos. No se detuvieron en toda la noche, junto a estremezodores Alahu Akbar gritados por megáfonos que procedían de la plaza y cuyo eco retumbaba por las calles de la ciudad. Varios de los jóvenes que huyeron tras la violenta interrupción llegaron al barrio y comenzaron a gritar. "No durmáis, nos están matando en la plaza". También los gritos eran de rabia: "Zanga, zanga, dar, dar, bedak rasak ia Bashar (Las dos primeras palabras las pronunció Gadafi en su discurso para amedrentar a los libios, las siguientes significan "queremos tu cabeza Bashar") o también "Bashar, traidor, lleva tus soldados al Golán".

Al día siguiente, abandoné mi casa. Ya no era segura. Mis primos, con edades comprendidas entre los 20 y los 30, se reunieron en la casa donde pasé los últimos días en Siria. Uno de ellos, Adnan, no sólo había presenciado todo... también lo había grabado: el entierro, el recorrido hasta el cementerio, la concentración, los gritos, los disparos, la muerte. Yo no me atrevía a proponerlo, pero al final surgió espontáneamente. "Adnan, pásale a Laila los vídeos, para que los distribuya en España". Él me miró y afirmó con la cabeza. Nunca olvidaré aquel gesto. Cuando el USB acabó en mis manos, sentía que tenía algo muy valioso. Lo escondí bien mientras me dirigía al aeropuerto.

Cuando aterricé en España, intenté difundir la matanza. Pero el miedo a las represalias contra mi familia en Siria pesaba más. Las concentraciones frente a la embajada eran peligrosas. Sabíamos que miembros de la embajada nos hacían fotos que luego enviaban a la mujabarat (inteligencia siria). Incluso varios de nosotros fuimos amenazados. Pero el 1 de agosto de aquel año, perdí el miedo. Mi padre me llamó para informarme de que habían asesinado a Adnan. Un francotirador acabó con su vida en el acto. Minutos antes sostenía un cartel frente a una decena de fuerzas de seguridad en la calle del Estadio. Lo mataron porque no supieron cómo defenderse frente a un joven que pedía un cambio en la calle, desarmado y a pecho descubierto: eso era un acto revolucionario contra el que no supieron combatir excepto con la violencia.

Fue un punto de inflexión. Me uní a la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio. Participé en charlas, entrevistas, organizamos campañas de ayuda humanitaria.. y también, escribí artículos donde edité sus vídeos. Tenía que difundir las imágenes por las que dio su vida.

Después de dos años de revolución, de masacres y penurias, de violencia y desesperación, intento mantener vivos los ideales por los que tantas vidas se han perdido. Hay una frase de un libro que acabo de leer, "Los desorientados", de Amin Maalouf, que me ha gustado: "Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación". Es el lema de los sirios.

Porque dejarse llevar por las circunstancias es lo fácil. Fácil para algunos decir que hay una guerra civil en Siria, haciendo un análisis superfluo de los acontecimientos. Fácil decir que es un conflicto sectario-religioso. Fácil criticar los errores de los rebeldes, magnificarlos y despreciar los cientos de civiles que mueren a diario. Fácil dejarse llevar por el odio, cuando han asesinado a toda tu familia y sientes frío y hambre en un campo de refugiados. Es legítimo, pero fácil.

Es fácil agarrarse a un clavo ardiendo en la desesperación. Fácil dejarse llevar por la ideología que nos interesa, ponerse una venda en los ojos y defender a un tirano. Fácil defender el laicismo desde fuera, fácil decir que los verdaderos héroes son los que defienden la democracia exportada de Occidente mientras miran impasibles cómo mueren bombardeados desde aviones MIG 23 o con misiles Scud.

Lo difícil es seguir manteniendo los principios que inspiraron esta revolución. Difícil mantener vivos a Adnan, a Giath Matar, a Basel Shehade... Difícil explicar por qué empezó y cómo terminará esta revolución que está rodeada de intereses geoestratégicos y de países que quieren abortarla, difícil convencer a ciertos sectores de la oposición que alimentar el odio no es la solución, difícil no rendirse. Difícil mantener la esperanza de que los sirios puedan reconstruir el país que deja en ruinas Bashar Al Asad.

Pero prefiero equivocarme en la esperanza, que acertar en la desesperación.

22 septiembre 2012

La carta de recomendación del aspirante 57

'El pueblo' con Ghalia Sarakbi. |  Jaber AlAzmeh

Hola. Soy la carta de recomendación del aspirante 57. Como sé que las posibilidades de que usted lea mi currículum son relativamente escasas, he decidido ser original en un arrebato de sinceridad. Quiero confesarle cosas que nunca encontrará en mis referencias.


Me licencié en periodismo porque nunca he querido ser otra cosa. Me gusta dedicarme a las cosas que me apasionan. Muchas personas me aconsejan que sea práctica, que me olvide de mis inalcanzables ideales, que busque un puesto de oficina, con horario fijo y un sueldo que cubra todas mis necesidades. Pero no. He asumido el riesgo.

Nacer utópica no me ha impedido descubrir la vida real. No. Aunque nunca he pasado hambre y siempre he tenido una casa a donde regresar, sé que la necesidad es violenta. Eso  mismo le dijo que pasaría el valeroso Héctor a su mujer Andrómaca  si no vencían a los aqueos:

"Muchas contrariedades padeciendo, pues sobre ti se ha de cernir entonces, violenta y dura, la necesidad".
La necesidad es violenta. Yo misma soy el resultado de necesidades cubiertas. Mis padres se conocieron mediante el instinto de la necesidad, porque no había un sitio para ellos en la tierra que los había visto nacer y crecer. Mi sangre tiene un aroma a tierras lejanas, a jazmín y aceitunas. Y quizá yo he sido muy egoísta tomando el relevo de sus destinos paralelos, sabiendo que soy el producto de sus esfuerzos personales, sus sacrificios necesarios y sus merecidas recompensas. Sí, soy cabezota. Me empeño en escribir. Sobre todo después de que las heridas de mis orígenes mataran a tantos inocentes y tantos periodistas. Escribir es mi forma de mantenerlos vivos.

Ahora debo sacrificar todo lo que tengo para caber en lo que soy. Ser la voz de los que no la tienen y dejarse la piel. Probablemente no sea la mejor preparada, que hay otros que escriben mejor, otros que tengan más experiencia, pero le pido algo: escoja a quien esté dispuesto a irse al fin del mundo para contar una historia. Invierta en eso, antes de que muera este periodismo renqueante, podrá decir que hizo lo que pudo por salvarlo.

Hoy terminan mis prácticas en un periódico que me ha enseñado mucho: que las noticias hay que salir a buscarlas, que un titular puede destruir una buena historia, que el periodista se hace a base de crónicas diarias, que hay silencios que matan y ruidos que adormecen, que la violencia vende, que el mundo está lleno de injusticias, tantas que uno piensa que no merece la pena seguir contándolas hasta que descubre los pequeños milagros: una superviviente, un testigo, una víctima, un héroe o una heroína. Hay personas genuinas que son la excepción en el mar de las maldades y el santo grial que nos inspira. Personas que llevan a sus espaldas nuestras entradillas. Personas que deben ser inmortalizadas en los libros de historia.

Y eso que contar la historia a través de sus historias es una osadía. ¡Qué atrevimiento por mi parte! Yo tan poquita cosa y aspirando a tanto. Pero, ¿qué sería del mundo si no hubiera personas volcadas en lo que hacen? Lo único que pido es una cama en la que pueda caer exhausta tras pasarme todo el día escribiendo algo que importe. Eso es vivir. Sufrir, pasar calamidades, todo sea para salvar al periodismo y con él, las voces que no llegan. Admiro a la gente que hizo la maleta y partió para contar historias, yo quiero ser una de esas personas afortunadas.

Mientras usted tira esta carta, yo voy a seguir escribiendo. Ya sabe, es lo que tiene nacer utópica, sigo creyendo en los milagros. Pero no se olvide: contribuya en el salvavidas del periodismo. Con eso es suficiente.

02 agosto 2012

"Prometiste que romperías conmigo el ayuno, pero no viniste"

Una madre siria recuerda a su hijo en el aniversario de su muerte:

"Como este día, luz de mis ojos, como este día me prometiste tomar conmigo el Iftar (la comida para romper el ayuno), pero no viniste. Y ya estamos en el siguiente Ramadán y sigo esperando a que vengas. Siento que estoy como en un sueño.

Aquel día saliste de casa y me echaste una mirada que no voy a olvidar en la vida. Saliendo de casa, agarraste la puerta, te paraste un momento y me miraste como si estuvieras despidiéndote de mi... Por Dios que lo sabía. Me lo decía mi corazón. Pero no lo esperaba tan pronto. Estabas a punto de irte a Arabia Saudí pero me dijiste que no podías dejar el país como estaba.

¡Cuánto echabas de menos a tus hermanas y a sus hijos! Me decías: "Mamá, no vienen, quiero verlos. Mejor que vengan ahora que después". No sabía lo que significaba "después".

Te tengo preparado todas las fotos desde que eras pequeño y toda la época de tu infancia. Las voy a exponer en tu boda. Voy a hacerte una boda sin igual. Esta boda será la boda de los mártires.

Tengo todavía tus risas en mis oídos. Sólo se te oía reír cuando me dabas aquellos sustos, esos en los que luego me cogías de la mano diciendo "Espero no haberte asustado". 

Te veo en los ojos de tus hermanas y en sus hijos, que no llegaste a ver. En tu querido Omar estoy viendo tu infancia, como si fuera una cinta de tu vida que se repite delante de mi. ¡Oh Dios! Intenté reprimirme mucho pero no pude. Me salió de dentro.

Te hablé de un Hadiz (los dichos del profeta Mahoma) que decía que la yihad (el esfuerzo) del hijo único es cuidar de su madre y de su padre. Me decías "Sí mamá" pero luego, les decías a tus hermanas "Decirle a mamá que no se enfade conmigo, pero ya no puedo dejar esto."

Gracias a Dios te vi en mis sueños. Me dijiste que estabas feliz y que no me enfade. Que Dios te de toda la felicidad, amor mío, y pide a Dios por mí, pide que me de fuerza para soportar tu ausencia. Amor mío, espero juntarme contigo y que Dios te acepte como siempre decías que "el Dios de los mundos es más piadoso que la madre con su hijo". 

Dios te ha elegido y la voluntad de Dios se cumple."

Hace un año, un francotirador asesinaba en la ciudad de Homs al joven Adnan Abul Dayem. Adnan grababa con su móvil vídeos para documentar la represión del régimen sirio. Vídeos como este, la matanza del 18 de abril del 2011, conocida como 'la matanza del Reloj Nuevo'. La primera matanza de Homs. Las fuerzas de seguridad dispararon contra los manifestantes pacíficos:


Indefenso en las calles, minutos antes de su muerte, el 1 de agosto del 2011, portaba un cartel donde pedía libertad, tal y como puede verse al final de este vídeo. El régimen no supo enfrentarse con aquello, a si que alguien decidió que debía morir.


Un año después me atrevo a pronunciar su nombre sin miedo, porque cuando lo asesinaron el miedo todavía me carcomía. Pero las vidas perdidas nos dejan esa herencia, ese rancio heroísmo que nos envalentona.


No merecemos hablar por sus bocas, pero es el silencio que dejaron lo que nos recuerda por qué no debemos callar. 

Iré a visitarte en una Siria Libre, primo Adnan. 

04 mayo 2012

La palabra ‘pacífico’, un complot contra Siria según la televisión estatal

Ali Othman

Un cámara ciudadano que grababa los ataques de las fuerzas gubernamentales en Baba Amru es entrevistado por la televisión estatal siria

El régimen utiliza su confesión forzada para convencer a sus ciudadanos de que los medios de comunicación extranjeros mienten



Ali Mahmud Othman, conocido como Jeddo, fue detenido el 28 de marzo en Aleppo. Era uno de los fundadores del equipo de cámaras ciudadanos de Baba Amr, que rechazó huir del barrio cuando Damasco lo reconquistó. Este activista sirio jugó un papel fundamental en el rescate de los periodistas occidentales atrapados en Homs. Hoy podéis conocer su historia gracias a Mónica García Prieto, que lo conoció y escribió sobre él en Periodismo Humano.

Durante estos casi dos meses de incertidumbre, muchos de nosotros pensábamos que Jeddo había muerto. Sabíamos que sufriría torturas, como todos los demás presos políticos, y que el régimen intentaría sacarle toda la información posible sobre las personas involucradas en la revolución. Se emprendieron campañas online exigiendo su liberación, como #FreeAliOthman y en Global Voices denunciaron su arresto y después, anunciaron el previo de mal gusto que grabaron para darle publicidad a su confesión televisada: 'Dentro de Baba Amru'.

Ayer, Día Internacional de la Libertad de Prensa, la televisión estatal siria emitió el primer capítulo de esta pantomima. El objetivo propagandístico del programa queda latente cuando antes de la entrevista y para demostrar 'la conspiración internacional' a la que está sometida Siria, invierten el orden de las letras de la palabra 'silmia' (que significa pacífico) para ordenar cronológicamente los países donde hubo manifestaciones: Túnez, Yemen, Egipto, Libia y por último Siria. Es una burla a la inteligencia. En esta conspiración participan todos los demás canales extranjeros.

A Othman le obligan a decir, entre otras cosas, que ha sido entrenado en Arabia Saudí como terrorista y que no puede demostrar que las fuerzas de seguridad mataran a los manifestantes, sino que 'un infiltrado' podría haber cometido los crímenes. También ha dicho que salía a las manifestaciones porque queria cambiar el alcalde y que los ancianos del barrio estaban en contra, pero algunos jóvenes siguieron insistiendo, entre ellos, Khaled Abu Salah, otro reconocido activista sirio.

Para ver la emisión completa pulsa aquí. Recordamos que Siria es, según el Instituto Internacional de Prensa, el país más peligroso para los periodistas. 

30 abril 2012

Los sirios se burlan de la muerte



  • 'Bashar, no bombardees Homs, bombardéanos a nosotros', dice un cartel de la ciudad de Kafarnabel
  • Algunos manifestantes engañaron a las fuerzas de seguridad haciéndoles creer que llevaban explosivos para que no los arrestaran

Abu Yaafar es un activista sirio conocido por informar sobre la situación de la ciudad de Al Rastan. El pasado 3 de marzo estaba filmando un vídeo cuando un francotirador le disparó varias veces. La reacción de Abu Yaafar quedó recogida en este video. Sonríe, aún con el susto. «Esto es una guerra oficial», afirma entre risas.

A pesar de la tragedia diaria de la represión, los sirios han convertido el humor negro en una forma original de resistencia. Las paradojas se han hecho tan famosas que empiezan a formar parte del imaginario colectivo. Los sirios las utilizan para reírse de su propia desgracia. La serie de frases que las recogen comienzan con un "Sólo en Siria" y se pueden leer en Internet y en pancartas. «Sólo en Siria, cuando llegan las fuerzas de seguridad empieza el peligro» o «Sólo en Siria los observadores de la Liga Árabe necesitan de observadores» son sólo algunos ejemplos.

Los carteles de Kafarnabel, una ciudad del norte del país, son otra muestra. «A quien le pueda interesar, la muerte está cansada de nosotros», reza uno de sus carteles más populares. Tras décadas de sumisión al sistema, los sirios liberan su creatividad a raudales. En una de las pancartas más difundidas, Bashar aparece postrado en una camilla en parada cardiaca y Putin intenta reanimarlo con el «veto» en forma de desfibrilador.

Un año de revolución da para mucha originalidad. En este video, editado por la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio, se recogen varios momentos emblemáticos de las manifestaciones. En la primera escena, un jóven transmite en clave de humor las «ofertas de Bashar». En la segunda, se llaman a sí mismos «terrorista, conspirador, salafí» y disparan armas de mentira para deslegitimar la versión del régimen. En la tercera y cuarta escena, se muestran las protestas pacíficas y el mensaje de que "Uno,uno,uno, el pueblo sirio es uno" para combatir la violencia sectaria.

El ingenio ha logrado salvar vidas. Un jóven de Homs que vió cómo arrestaban a su hermano gritó «¡Ahora! ¡Tira del cinturón de explosivos!» consiguiendo que las fuerzas del régimen creyeran la mentira y lo soltaran inmediatamente.

Estos actos casi nunca son espontáneos. Desde que comenzaran las protestas el 15 de marzo del 2011, se han fundado varias asociaciones que se dedican a organizar actividades no violentas para protestar contra el régimen, sobre todo en la capital. Entre ellas el movimiento 'Días de libertad' que ha conseguido teñir de rojo las fuentes de Damasco para representar simbólicamente la sangre de los mártires. También han escondido altavoces en edificios públicos por donde sonaban canciones de protesta e incluso han convocado huelgas generales «por la dignidad».
"Estas iniciativas contribuyen a disputarle el espacio público al régimen de una manera ingeniosa", afirma Swehat.
Yassin Swehat, bloguero sirio afincado en España, afirma que los manifestantes "se dieron cuenta de que protestar en el centro de Damasco era extremadamente arriesgado debido a la fortísima presencia de los aparatos de seguridad y por ello, idearon modos de protesta más escurridizos, a la vez que impactantes visualmente".

¿Cómo hacen llegar sus mensajes al mundo? Alseif (apodo por el que se le conoce) es otro sirio afincado en España que lleva un año escribiendo sobre la revolución en las páginas de facebook. "Me encargo de transmitir la información que llega por Skype de las coordinadoras locales en Siria. Las traduzco y las cuelgo en facebook donde las leen periodistas y activistas españoles. Nuestro principal objetivo es transmitir la voz del pueblo sirio en España".

Para él, los móviles han sido fundamentales para hacernos llegar lo que estaba pasando dentro del país, ya que los periodistas internacionales han tenido prohibido el acceso. «Gracias a los videos que graban los propios sirios, hemos conseguido burlar la censura que imponía el régimen».

Swehat no lo tiene tan claro. «Es cierto que Internet ha ofrecido una herramienta que antes no existía, pero el régimen tiene herramientas para censurar y vigilar en la red, incluso ha recibido apoyo técnico para poder controlar los sistemas de comunicaciones vía satélite».

Más de 12.000 personas han perdido la vida por pedir justicia social y democracia, entre ellas más de 500 niños. Miles de desplazados en Líbano, Jordania y Turquía no saben cuando volverán a sus casas. A los sirios de dentro sólo les queda una salida: resistir a base de sacarmo.

14 marzo 2012

La forma de los pájaros

El aniversario de la revolución Siria
15/03/2012

“Ésta es una prisión, padre, ¿no sabes cómo dibujar un pájaro?” Y yo le digo:“Hijo, perdóname. He olvidado la forma de los pájaros[1]”.
Nizar Qabbani, Lección de dibujo



Siempre deseé que los manifestantes recuperaran del tiempo a Nizar Qabbani para que insuflaran en la lucha el calor de sus versos. ¿Por qué no lo hicieron? Sencillamente, porque necesitaban renovar el ideario poético con una esperanza de la que carecía la última generación.

“Yo he visto la libertad cara a cara, la he visto tan cerca de mi y de vosotros”. El testamento de Giath Matar –y el levantamiento popular- concedió una nueva voz a “la mitad del pueblo que no tenía lengua [2]”.


Jaled Ibn Walid despertó del letargo sueño la noche del 19 de abril. Es una fecha difícil de olvidar porque, además de los gritos y los tiros que sonaban a lo lejos, un joven llegó jadeando al barrio de y gritó: “No durmáis, nos están matando en la plaza”. Homs iniciaba su larga andadura para convertirse en la capital de una revolución. (Huí como una bellaca pero Homs no sólo perdona, sino que deja su huella legendaria a todos los que toca.)

Hoy, más que nunca, debemos rescatar doce meses de resistencia. Rescatar las frases sarcásticas de Kafarnabel que rezan “la muerte se ha cansado de nosotros”. Rescatar el ingenio de los homsis y la proeza de un joven que logró salvar a su hermano del arresto cuando le propuso a gritos que accionara un falso chaleco explosivo. Rescatemos, una vez más, todas las frases que empiezan por un “Sólo en Siria”.


Abajo las cifras. Rescatemos la risa desafiante ante la muerte de Abu Yaafar. Rescatemos a cada infiltrado. Rescatemos las protestas que forman figuras de cruces y lunas que ponen en evidencia las mentiras del régimen. Rescatemos las fuentes que se tiñen de rojo en honor a los que perdieron el miedo, que avergüencen a quien todavía lo tiene. Rescatemos los nombres de los mártires que renombraran las calles y rescatemos la voz de Qashush; que suene en todos los rincones de Damasco. 

Rescatemos un movimiento pacífico que permanece, a pesar de que muchos lo llaman “rebeldes”, “grupos armados” o “terroristas”. Rescatemos los ojos de Rami Al Sayed de Baba Amru y pintemos en la pared la frase que hizo temblar un estado policial: "El pueblo quiere la caída del régimen". La muerte los acecha todos los días. Los sirios han aprendido a burlarse del destino.


Hoy recordarán a los que fueron asesinados por defender peticiones legítimas como libertad y dignidad y llorarán la muerte de más de 500 niños. ¿Quién consuela al torturado? ¿A una madre sin su hijo? ¿Cómo rehacer una vida donde se ha perdido tanto: la casa, el trabajo, la familia? “El régimen caerá” es la máxima convicción en sus almas. Unos niños de Deraa les enseñaron algo que habían olvidado: cómo se dibuja la forma de los pájaros.



25 diciembre 2011

La revolución siria: diez meses de gestación histórica

“La primera vez que grité libertad fue la primera vez que me sentí dignificado”, escribe en Twitter el activista sirio conocido como Alexander Page. Para los que son simples espectadores, las aspiraciones de los sirios son papel mojado bajo la tiránica dirección de Bashar. Sus incursiones armadas contra la población civil hacen pensar en la imposibilidad de que el movimiento democratizador triunfe y se consolide. 

Se olvida que el proceso revolucionario que comenzó el 15 de marzo en la ciudad de Daraa no sólo pretende derrocar al régimen, sino establecer las bases de una unidad nacional. El rancio antiimperialismo y la mera lealtad a los ideales del partido Baaz privaron al pueblo sirio durante cuatro décadas de su auténtica identidad. A pesar de la incertidumbre que asola nuestros corazones, durante estos diez meses de intensa resistencia hemos sido testigos del empoderamiento de una ciudadanía oprimida.

Una nueva Siria se ha ido gestando entre gritos de protesta y derramamiento de sangre. La Siria incipiente se caracteriza por:

1)     El reto del movimiento no violento frente a la represión
2)     La superación del miedo como camino hacia la dignidad
3)     El despertar del pueblo sirio del letargo ideológico 
4)     El empoderamiento ciudadano frente a la censura 
5)     Una nueva percepción sobre quienes son los enemigos y los aliados

1) El reto del movimiento no violento frente a la represión

Estos videos se grabaron el mismo día, el 18 de abril del 2011, en la ciudad de Homs. En el primero una multitud clama a pleno día por la caída del régimen. Es un día caluroso y los entusiasmados manifestantes se riegan de agua unos a otros. Lo único que tienen en la mano son botellas de plástico. Gritan que son silmie, es decir, pacíficos y sus caras irradian felicidad. Horas después, la plaza del reloj nuevo está casi desierta y los ruidos de los disparos son atronadores. Varios manifestantes corren entre las balas. Se vuelven a escuchar los mismos lemas y el cámara se ríe, pensando que los tiros no los silencian. Es el sabor de la libertad. Pagó con su vida ese atrevimiento. Lo mataron cuatro meses después; pero su testimonio no morirá nunca.



2) La superación del miedo como camino hacia la dignidad

Partidarios de la familia Assad en Homs. / Laila Muharram
“Revolution, revolution”, gritó Abu Jaled frente a la televisión del salón de su casa. Las imágenes reproducían nítidamente la plaza Tahrir colmada de manifestantes que celebraban eufóricos la caída de Mubarak. “No grites que nos oirán los vecinos” dijo Nura, su mujer. Abu Jaled reprimió su alegría y cerró la puerta de la terraza. Viví esta escena en Homs aquel 11 de febrero histórico. Mientras los ojos del mundo entero estaban pendientes de los egipcios, yo observaba con ansiedad la reacción de mis vecinos..

El miedo ha sido el arma más poderosa del régimen sirio. Los servicios secretos, la temida mujabarat, ostentan una red de informadores presentes en todos los espacios públicos del país. Quienes atentaban contra “el orden público” eran inmediatamente detenidos o torturados en el peor de los casos. Nadie se arriesgaba a opinar delante de personas que no conocía,  ni siquiera de las que conocía. También inspiraban temor las historias sobre la masacre de Hama. Terror a que la barbarie se repitiese. Tenían razones suficientes para creerlo. Y sobre todo, persiste aún el miedo al cambio, a que los próximos dirigentes inciten al odio sectario y a la sed de venganza.

A partir de 15 de marzo, la esperanza desafió al miedo y miles de sirios, cansados de esperar reformas políticas que no llegaban nunca, salieron a la calle en solidaridad con sus hermanos de Daraa. Vencer el miedo ha sido la sentencia de muerte de más de 5.000 sirios hasta la fecha, sin contar los desaparecidos, detenidos o torturados, pero también el único camino posible para vencer a la dictadura y recuperar la dignidad. Hoy Abu Jaled no susurra en el salón de su casa, sino que grita en la calle junto a miles de personas como él.

3) El despertar del pueblo sirio del letargo ideológico

Aquel terrible 18 de abril yo misma grabé estas imágenes. La escena es paralela a lo que está ocurriendo en la plaza del reloj nuevo. Algunos jóvenes que volvían de manifestarse participaron en esta protesta espontánea. Gritan: “Bashar, traidor, lleva tus soldados al Golán”.

  
La dictadura ha hecho un increíble daño a la identidad del pueblo sirio. El enfoque antiimperialista se granjeó la simpatía de quienes preferían malo conocido que bueno por conocer. El ideario político fiel al régimen corrompió las verdaderas aspiraciones de los sirios. La principal preocupación era preservar la estabilidad del país y basaron las estructuras del estado en la seguridad. Las amenazas externas eran más importantes que las reformas internas. La dinastía Assad presumía de su enemistad con Israel pero no protagonizó ni una sola incursión militar para recuperar los Altos del Golán. La terrible paradoja es que no ha dudado ni un sólo momento en usar el ejército contra su propio pueblo.

Durante estos diez meses de gestación, Siria se consume como el ave fénix para volver a empezar. La nueva nación libre sólo sobrevivirá gracias a la colaboración de la mayor parte de los grupos sociales, que formarán la nueva identidad nacional. Es la única solución que garantizará la transición hacia la democracia: sin violencia y sin miedo.

4)El empoderamiento ciudadano frente a la censura


Giath Matar repartía flores a los soldados. La voz de Qashush y su canción “Vete Bashar” se convirtió en el himno de la revolución. Los nombres de los mártires sustituyen ahora los nombres de las calles donde fueron asesinados. Se colocan publicaciones clandestinas en las puertas de las casas. Se tiñen de rojo las fuentes de Damasco en homenaje a los mártires. Los activistas encontraron en Internet el medio por el que difundir las ideas que no podían expresar en público: convocan manifestaciones cada viernes con nombres diferentes que intentan trasladar las exigencias del pueblo al ámbito internacional, fabrican pancartas, graban videos de la represión, hablan a los medios internacionales...

Difícilmente podremos olvidar este año quienes, a pesar de vivir inmersos en una pesadilla, nos sorprendíamos de la capacidad de sacrificio y resistencia de quienes diariamente veíamos morir. La prohibición de la entrada a la prensa internacional en el país fomentó el periodismo ciudadano que ha sido fundamental para demostrar las atrocidades que comete el régimen. La censura ha dejado de ser un obstáculo y la red social es la herramienta más frecuente para transmitir y adquirir información.

Las nuevas formas de comunicación son la ventana al mundo por el que nos asomamos para hacerles saber que no están solos.

5)Una nueva percepción de quienes son los enemigos y los aliados

Un nuevo paradigma internacional se abre paso tras la primavera árabe. A pesar de la clara violación de derechos humanos, Nasrallah de Hezbolá se ha mantenido fiel al régimen a costa del sufrimiento del pueblo sirio. El líder chií era admirado y respetado por su enfrentamiento con Israel, algo que interesaba a Bashar, que le suministraba armamento. Mientras Hezbolá desafiaba abiertamente al enemigo, el sátrapa utilizaba los acontecimientos para confortar a un pueblo humillado tras la ocupación de los Altos del Golán. Además, al régimen le interesaba distraer a los sirios con asuntos del ámbito internacional para que no reaccionaran ante las injusticias que él mismo cometía contra su pueblo. Otra de las razones que esgrimía para mantenerlos a raya era que sus vecinos, en especial Israel, eran países beligerantes y que por eso tenían que gastar grandes cantidades del presupuesto en la seguridad del estado, obligando a retrasar las reformas prometidas.

Tras comprobar el doble rasero de Nasrallah, que apoyaba las revoluciones árabes en todos los países menos en el que no le interesaba, el pueblo sirio se desengañó de aquel matrimonio de conveniencia. Lo mismo ha ocurrido con Irán, país que no tiene ningún reparo en administrar armamento a su mayor aliado en la región para ahogar el levantamiento. Dos años antes, él mismo contuvo la insurrección ciudadana, la llamada marea verde, como consecuencia del fraude de las elecciones que renovaron la permanencia en el poder a Ahmadineyad. A Teherán le interesa que la revolución siria no triunfe porque perdería a su mejor socio y además, se arriesgaría a que una nueva revuelta sacudiera las bases de su propio estado.

Por otro lado, partidarios de la ideología de izquierda respaldan la versión del régimen y atribuyen los asesinatos a un complot orquestado por agentes de la CIA, Israel, Arabia Saudí y Qatar para derrocar a Bashar. En especial, sectores de la izquierda española se dedican a desprestigiar las informaciones que recogen tanto los activistas sobre el terreno como los corresponsales que se atreven a entrar en el país. El argumento recurrente es afirmar que los organismos internacionales sólo denuncian a los países contrarios a Occidente, mientras que otros países como Bahrein caen en el olvido.

Este ejercicio de libertad de expresión enriquecedor contrasta con las prácticas de los países que defienden, como Siria, donde activistas como Razan Ghazawi y Hussein Ghrer o caricaturistas como Ali Ferzat han sido arrestados o torturados recientemente. Sin duda, la comunidad internacional debería responder rotundamente en todos los casos de fragante violación de derechos humanos, pero ni siquiera actúan en los casos donde, según la izquierda, “les interesa”.

Ni la Liga Árabe ni Occidente han conseguido detener la ola de violencia. Bashar juega sus cartas al tiempo que barre las protestas y se erige asimismo como el único gobernante que puede mantener estable a la nación. Los últimos atentados en Damasco, cuya autoría despierta recelos entre la oposición, generan dudas sobre el éxito de la insurrección ciudadana y confirman las sospechas de que Bashar prefiere hundir el país que abandonar el poder. Pero quedan motivos para la esperanza. Es cuestión de tiempo. La nueva Siria tiene que nacer.

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