25 diciembre 2012

Equivocarse en la esperanza

[Intervención en la charla "La tragedia siria: situación actual y desastre humanitario"]


Como dice el cartel, soy periodista hispano-siria. Como periodista siento gran admiración y respeto por personas como Diego Represa, Antonio Pampliega y tantos otros que arriesgan sus vidas cruzando la frontera para contarnos lo que ocurre en Siria. Son nuestros ojos y la voz de los que no la tienen, son como una prolongación de nuestros sentidos.

Preparando la charla y pensando en el periodismo de guerra, he recordado un libro que he leído recientemente. Se titula "Donde la tierra arde" y narra los últimos días de María Grazia Cutuli, una periodista italiana que muere en Afganistán junto al corresponsal español de El Mundo, Julio Fuentes, en noviembre del 2001. El libro comienza con las palabras del obituario que le dedicó Arturo Pérez-Reverte a su compañero. En una parte escribía que para reporteros como él "[La guerra era] un extraño hogar con reglas precisas, simples, donde el malo es quien te dispara y el bueno es aquél cuya sangre te salpica, y el resto son milongas."

La semana pasada Antonio Pampliega nos contaba que, desde el frente donde ha cubierto la batalla de Alepo, la del Ejército Sirio Libre, apenas había visto combatientes o soldados muertos y que las víctimas son mayoritariamente civiles. Es lo que también nos acaba de contar Diego Represa. "Esa sangre que salpica" quedaba bien reflejada en el vídeo que grabó Antonio donde un reguero rojo salía del hospital Al Shifa tiñendo las calles de Alepo.

Ellos nos han contado su testimonio y yo vengo a contar el mío, mi testimonio como siria más que como periodista. Os hablaré de las campañas de Ayuda Humanitaria que lleva a cabo la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio y os contaré la historia de alguien que ya no tiene voz.

A muchos residentes sirios en España la revolución les sorprendió estudiando, trabajando, pensando quizá en pasar las vacaciones de verano en Siria. A mí la revolución me sorprendió allí, llevaba cinco meses estudiando árabe en Homs, allí tenía y tengo a la familia y tenemos o teníamos una casa. Convivía con una compañera de piso de Hama y solía ir a la universidad Al Baath a clases de árabe tras haber terminado mi carrera en Madrid.

Cuando en enero cae el régimen de Ben Alí en Túnez y de Hosni Mubarak en Egipto, yo observo la reacción de mi entorno, preguntándome cual será la respuesta de los sirios a la "primavera árabe". La tensión empezaba a ser latente y las reacciones eran diversas. Los jóvenes se atrevían a manifestar cierta esperanza de que Bashar acelerara las reformas que llevaba prometiendo desde hace años, pero no se atrevían a desear un cambio de régimen. Los más mayores incluso deseaban que permaneciera el statu quo, querían pasar el resto de la vejez tranquilos. 

Pero la mecha prende en Deraa, con las pintadas de unos niños en las paredes de su colegio y se expande como la pólvora por las demás regiones. A Homs llega el 18 de abril. El entierro de varios manifestantes asesinados el día anterior en localidades que rodean la ciudad se convierte en una marcha de protesta desde la mezquita donde se celebra el rito fúnebre hasta el cementerio. Tras enterrarlos se reúnen en la plaza del reloj nuevo, el Tahrir de los homsis, y se establecen allí con la idea de acampar. Hombres y mujeres, mayores y jóvenes, corean "El pueblo quiere la caída del régimen"  y "somos pacíficos". Al anochecer, la tragedia. Las fuerzas de seguridad los dispersan a balazos. Algunos son heridos y son trasladados en volandas al hospital. Varios mueren. Aún se desconoce cuántos.



Yo no estuve allí, pero escuché los disparos. No se detuvieron en toda la noche, junto a estremezodores Alahu Akbar gritados por megáfonos que procedían de la plaza y cuyo eco retumbaba por las calles de la ciudad. Varios de los jóvenes que huyeron tras la violenta interrupción llegaron al barrio y comenzaron a gritar. "No durmáis, nos están matando en la plaza". También los gritos eran de rabia: "Zanga, zanga, dar, dar, bedak rasak ia Bashar (Las dos primeras palabras las pronunció Gadafi en su discurso para amedrentar a los libios, las siguientes significan "queremos tu cabeza Bashar") o también "Bashar, traidor, lleva tus soldados al Golán".

Al día siguiente, abandoné mi casa. Ya no era segura. Mis primos, con edades comprendidas entre los 20 y los 30, se reunieron en la casa donde pasé los últimos días en Siria. Uno de ellos, Adnan, no sólo había presenciado todo... también lo había grabado: el entierro, el recorrido hasta el cementerio, la concentración, los gritos, los disparos, la muerte. Yo no me atrevía a proponerlo, pero al final surgió espontáneamente. "Adnan, pásale a Laila los vídeos, para que los distribuya en España". Él me miró y afirmó con la cabeza. Nunca olvidaré aquel gesto. Cuando el USB acabó en mis manos, sentía que tenía algo muy valioso. Lo escondí bien mientras me dirigía al aeropuerto.

Cuando aterricé en España, intenté difundir la matanza. Pero el miedo a las represalias contra mi familia en Siria pesaba más. Las concentraciones frente a la embajada eran peligrosas. Sabíamos que miembros de la embajada nos hacían fotos que luego enviaban a la mujabarat (inteligencia siria). Incluso varios de nosotros fuimos amenazados. Pero el 1 de agosto de aquel año, perdí el miedo. Mi padre me llamó para informarme de que habían asesinado a Adnan. Un francotirador acabó con su vida en el acto. Minutos antes sostenía un cartel frente a una decena de fuerzas de seguridad en la calle del Estadio. Lo mataron porque no supieron cómo defenderse frente a un joven que pedía un cambio en la calle, desarmado y a pecho descubierto: eso era un acto revolucionario contra el que no supieron combatir excepto con la violencia.

Fue un punto de inflexión. Me uní a la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio. Participé en charlas, entrevistas, organizamos campañas de ayuda humanitaria.. y también, escribí artículos donde edité sus vídeos. Tenía que difundir las imágenes por las que dio su vida.

Después de dos años de revolución, de masacres y penurias, de violencia y desesperación, intento mantener vivos los ideales por los que tantas vidas se han perdido. Hay una frase de un libro que acabo de leer, "Los desorientados", de Amin Maalouf, que me ha gustado: "Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación". Es el lema de los sirios.

Porque dejarse llevar por las circunstancias es lo fácil. Fácil para algunos decir que hay una guerra civil en Siria, haciendo un análisis superfluo de los acontecimientos. Fácil decir que es un conflicto sectario-religioso. Fácil criticar los errores de los rebeldes, magnificarlos y despreciar los cientos de civiles que mueren a diario. Fácil dejarse llevar por el odio, cuando han asesinado a toda tu familia y sientes frío y hambre en un campo de refugiados. Es legítimo, pero fácil.

Es fácil agarrarse a un clavo ardiendo en la desesperación. Fácil dejarse llevar por la ideología que nos interesa, ponerse una venda en los ojos y defender a un tirano. Fácil defender el laicismo desde fuera, fácil decir que los verdaderos héroes son los que defienden la democracia exportada de Occidente mientras miran impasibles cómo mueren bombardeados desde aviones MIG 23 o con misiles Scud.

Lo difícil es seguir manteniendo los principios que inspiraron esta revolución. Difícil mantener vivos a Adnan, a Giath Matar, a Basel Shehade... Difícil explicar por qué empezó y cómo terminará esta revolución que está rodeada de intereses geoestratégicos y de países que quieren abortarla, difícil convencer a ciertos sectores de la oposición que alimentar el odio no es la solución, difícil no rendirse. Difícil mantener la esperanza de que los sirios puedan reconstruir el país que deja en ruinas Bashar Al Asad.

Pero prefiero equivocarme en la esperanza, que acertar en la desesperación.

22 septiembre 2012

La carta de recomendación del aspirante 57

'El pueblo' con Ghalia Sarakbi. |  Jaber AlAzmeh

Hola. Soy la carta de recomendación del aspirante 57. Como sé que las posibilidades de que usted lea mi currículum son relativamente escasas, he decidido ser original en un arrebato de sinceridad. Quiero confesarle cosas que nunca encontrará en mis referencias.


Me licencié en periodismo porque nunca he querido ser otra cosa. Me gusta dedicarme a las cosas que me apasionan. Muchas personas me aconsejan que sea práctica, que me olvide de mis inalcanzables ideales, que busque un puesto de oficina, con horario fijo y un sueldo que cubra todas mis necesidades. Pero no. He asumido el riesgo.

Nacer utópica no me ha impedido descubrir la vida real. No. Aunque nunca he pasado hambre y siempre he tenido una casa a donde regresar, sé que la necesidad es violenta. Eso  mismo le dijo que pasaría el valeroso Héctor a su mujer Andrómaca  si no vencían a los aqueos:

"Muchas contrariedades padeciendo, pues sobre ti se ha de cernir entonces, violenta y dura, la necesidad".
La necesidad es violenta. Yo misma soy el resultado de necesidades cubiertas. Mis padres se conocieron mediante el instinto de la necesidad, porque no había un sitio para ellos en la tierra que los había visto nacer y crecer. Mi sangre tiene un aroma a tierras lejanas, a jazmín y aceitunas. Y quizá yo he sido muy egoísta tomando el relevo de sus destinos paralelos, sabiendo que soy el producto de sus esfuerzos personales, sus sacrificios necesarios y sus merecidas recompensas. Sí, soy cabezota. Me empeño en escribir. Sobre todo después de que las heridas de mis orígenes mataran a tantos inocentes y tantos periodistas. Escribir es mi forma de mantenerlos vivos.

Ahora debo sacrificar todo lo que tengo para caber en lo que soy. Ser la voz de los que no la tienen y dejarse la piel. Probablemente no sea la mejor preparada, que hay otros que escriben mejor, otros que tengan más experiencia, pero le pido algo: escoja a quien esté dispuesto a irse al fin del mundo para contar una historia. Invierta en eso, antes de que muera este periodismo renqueante, podrá decir que hizo lo que pudo por salvarlo.

Hoy terminan mis prácticas en un periódico que me ha enseñado mucho: que las noticias hay que salir a buscarlas, que un titular puede destruir una buena historia, que el periodista se hace a base de crónicas diarias, que hay silencios que matan y ruidos que adormecen, que la violencia vende, que el mundo está lleno de injusticias, tantas que uno piensa que no merece la pena seguir contándolas hasta que descubre los pequeños milagros: una superviviente, un testigo, una víctima, un héroe o una heroína. Hay personas genuinas que son la excepción en el mar de las maldades y el santo grial que nos inspira. Personas que llevan a sus espaldas nuestras entradillas. Personas que deben ser inmortalizadas en los libros de historia.

Y eso que contar la historia a través de sus historias es una osadía. ¡Qué atrevimiento por mi parte! Yo tan poquita cosa y aspirando a tanto. Pero, ¿qué sería del mundo si no hubiera personas volcadas en lo que hacen? Lo único que pido es una cama en la que pueda caer exhausta tras pasarme todo el día escribiendo algo que importe. Eso es vivir. Sufrir, pasar calamidades, todo sea para salvar al periodismo y con él, las voces que no llegan. Admiro a la gente que hizo la maleta y partió para contar historias, yo quiero ser una de esas personas afortunadas.

Mientras usted tira esta carta, yo voy a seguir escribiendo. Ya sabe, es lo que tiene nacer utópica, sigo creyendo en los milagros. Pero no se olvide: contribuya en el salvavidas del periodismo. Con eso es suficiente.

02 agosto 2012

"Prometiste que romperías conmigo el ayuno, pero no viniste"

Una madre siria recuerda a su hijo en el aniversario de su muerte:

"Como este día, luz de mis ojos, como este día me prometiste tomar conmigo el Iftar (la comida para romper el ayuno), pero no viniste. Y ya estamos en el siguiente Ramadán y sigo esperando a que vengas. Siento que estoy como en un sueño.

Aquel día saliste de casa y me echaste una mirada que no voy a olvidar en la vida. Saliendo de casa, agarraste la puerta, te paraste un momento y me miraste como si estuvieras despidiéndote de mi... Por Dios que lo sabía. Me lo decía mi corazón. Pero no lo esperaba tan pronto. Estabas a punto de irte a Arabia Saudí pero me dijiste que no podías dejar el país como estaba.

¡Cuánto echabas de menos a tus hermanas y a sus hijos! Me decías: "Mamá, no vienen, quiero verlos. Mejor que vengan ahora que después". No sabía lo que significaba "después".

Te tengo preparado todas las fotos desde que eras pequeño y toda la época de tu infancia. Las voy a exponer en tu boda. Voy a hacerte una boda sin igual. Esta boda será la boda de los mártires.

Tengo todavía tus risas en mis oídos. Sólo se te oía reír cuando me dabas aquellos sustos, esos en los que luego me cogías de la mano diciendo "Espero no haberte asustado". 

Te veo en los ojos de tus hermanas y en sus hijos, que no llegaste a ver. En tu querido Omar estoy viendo tu infancia, como si fuera una cinta de tu vida que se repite delante de mi. ¡Oh Dios! Intenté reprimirme mucho pero no pude. Me salió de dentro.

Te hablé de un Hadiz (los dichos del profeta Mahoma) que decía que la yihad (el esfuerzo) del hijo único es cuidar de su madre y de su padre. Me decías "Sí mamá" pero luego, les decías a tus hermanas "Decirle a mamá que no se enfade conmigo, pero ya no puedo dejar esto."

Gracias a Dios te vi en mis sueños. Me dijiste que estabas feliz y que no me enfade. Que Dios te de toda la felicidad, amor mío, y pide a Dios por mí, pide que me de fuerza para soportar tu ausencia. Amor mío, espero juntarme contigo y que Dios te acepte como siempre decías que "el Dios de los mundos es más piadoso que la madre con su hijo". 

Dios te ha elegido y la voluntad de Dios se cumple."

Hace un año, un francotirador asesinaba en la ciudad de Homs al joven Adnan Abul Dayem. Adnan grababa con su móvil vídeos para documentar la represión del régimen sirio. Vídeos como este, la matanza del 18 de abril del 2011, conocida como 'la matanza del Reloj Nuevo'. La primera matanza de Homs. Las fuerzas de seguridad dispararon contra los manifestantes pacíficos:


Indefenso en las calles, minutos antes de su muerte, el 1 de agosto del 2011, portaba un cartel donde pedía libertad, tal y como puede verse al final de este vídeo. El régimen no supo enfrentarse con aquello, a si que alguien decidió que debía morir.


Un año después me atrevo a pronunciar su nombre sin miedo, porque cuando lo asesinaron el miedo todavía me carcomía. Pero las vidas perdidas nos dejan esa herencia, ese rancio heroísmo que nos envalentona.


No merecemos hablar por sus bocas, pero es el silencio que dejaron lo que nos recuerda por qué no debemos callar. 

Iré a visitarte en una Siria Libre, primo Adnan. 

27 junio 2012

Nuestro letargo ideológico o el giro copernicano del pueblo sirio


Grabé estas imágenes días antes de abandonar Homs. En el vídeo, los primeros manifestantes del barrio Al Qusur acababan de volver de la masacre del Reloj Nuevo. Gritan: "Asad, traidor, lleva tus soldados al Golán". El despertar del letargo ideológico del pueblo sirio quedaba retratado en ese grito desgarrador del joven que, por primera vez, se atrevía a expresar su indignación. Era insoportable pensar que los soldados que debían recuperar los Altos del Golán, ocupados por Israel, estuvieran matando a su propio pueblo.


La primera revolución en Siria no tuvo lugar en las calles, sino en las mentes. Miles de personas perdieron el miedo no sólo a la violenta represión de la dictadura, sino a pensar de forma diferente. Vieron en Túnez y en Egipto un espejo donde mirarse y las primeras y últimas protestas han sido demostraciones pacíficas de sus legítimas demandas: libertad y dignidad. Se encendieron las conciencias con esas dos ideas en una especie de giro copernicano que el régimen no ha podido apagar.

Fuera de sus fronteras, ese cambio no se ha producido. Muchos siguen juzgando lo que ocurre en el país con ideas preconcebidas. Se habla de Siria:

1) para compararla con Libia, como si ambos países compartieran el mismo contexto estratégico, político y social, aislando sus circunstancias específicas y obviando los elementos que arrojarían luz al entendimiento. No sólo confunden a la opinión pública, sino que demuestran tener poco conocimiento de la historia contemporánea de la región. Como afirma Alba Rico: "Al hablar de las intifadas árabes es necesario atender al mismo tiempo a lo específico y a lo común como fuentes indispensables, no jerarquizadas, de explicación".

2) para defender la teoría conspiranoica, la cual asegura que el gobierno sirio es legítimo y que lucha contra la injerencia extranjera de Estados Unidos, Israel y los países del golfo. Sabemos que los petrodólares llevan décadas financiando a los opositores de todas las dictaduras de la región, pero no olvidemos que el régimen se mantiene por el apoyo de Rusia y que los destinos de Irán y Líbano van ligados al destino de Damasco. 

   En el tablero de ajedrez sirio, todos los países mueven sus fichas. Hablar sólo sobre uno de los jugadores es faltar a la verdad. Sobre la influencia exterior en los rebeldes,  las últimas informaciones que recogían New York Times y The Guardian confirman la financiación de los insurrectos desde territorio turco. Existen pruebas evidentes de que agentes externos al levantamiento popular intentan abortar la revolución. 

   Pero si Asad fuera la verdadera víctima de un complot internacional, estaría deseoso de informar sobre estos atropellos y abriría las puertas a la prensa extranjera. O permitiría la libre circulación de observadores para demostrar su inocencia. No es el caso. El régimen de Asad no se puede sostener sin violencia. El giro copernicano es más fuerte.

3) para oponerse a la intervención 'por motivos humanitarios', como si todos los sirios quisieran romper el frágil equilibrio entre las diferentes sectas o no fuéramos conscientes de lo que supuso la intervención en Irak y Afganistán. Son los sirios los que han vivido más de cerca la intervención iraquí, el miedo a la iraquización del país sigue presente. ¿Por qué hay quienes se consideran mejores conocedores de sus consecuencias? 

Si apartaran el odio y la impotencia que esa realidad ha ido alimentando con los años (la ocupación israelí en Palestina, la intervención en Irak, la deriva de Afganistán)  y abrieran los ojos a la tragedia que vive hoy el pueblo sirio, descubrirían que estamos en la misma lucha.

Si algo deberíamos haber aprendido de las últimas intifadas es que los árabes han dejado de estar marginados de la corriente central de la historia. Como declara Santiago Alba: "Se han reivindicado como adelantados de un movimiento universal de renovación democrática". Una "ola redignificadora" cuyo principal objetivo es anteponer sus destinos a los intereses de los demás. Incluso, "a los nuestros".


Entrevista a Santiago Alba Rico aquí.

25 mayo 2012

Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe


Hace un año me presenté por primera vez al examen de acceso del Máster de la Escuela Diplomática. Estaba estudiando árabe en Homs y viajé a Damasco para realizar la prueba en la embajada española. Este texto lo escribí de vuelta a la 'capital de la revolución', con los sentimientos todavía a flor de piel, sabiendo que no aprobaría. Cuelgo este texto un año después, tras conocer que seré alumna del Máster 2012-2013.

Montañas rocosas a las afueras de Damasco. | Laila Muharram
Homs, 12 de abril del 2011. Volver de Damasco. Casi suena como una canción. Volver. Una palabra que me taladra la cabeza mientras miro por la ventana la cordillera rocosa de las afueras de Damasco. Acabo de hacer un examen en la embajada española para aspirar a entrar en el Master de Relaciones Internacionales de la Escuela Diplomática el año que viene en Madrid. Me dieron para desarrollar dos temas, uno a elegir entre el cambio climático o la inmigración en España, temas que no me había preparado y una vez escritos aquí, parecen muy obvios.

Tendría que haber hablado sobre el cambio climático. O sobre la inmigración. Esos son temas importantes, pero he sido incapaz. Me hubiera gustado hablar de lo que no se habla en los medios de comunicación, de lo que para los medios de comunicación no es importante: que el país en el que vivo está inmerso en una de sus mayores crisis internas. Las protestas en Siria dejan un reguero de sangre cada viernes, cada sábado y ahora también entre semana. Cada uno se echa la culpa al otro, la cadena siria emite los entierros de las fuerzas de seguridad asesinadas cuando intentaban reprimir las revueltas, pero se olvida de los manifestantes muertos en Deera, Menias, Duma y Homs que sólo reclamaban reformas políticas como se olvidó de los miles de muertos que dejó la matanza de Hama en 1982. Se olvida de todas las personas que pasaron media vida en la cárcel sólo por haberse reunido para dialogar, se olvida de todos los jóvenes que debieron emigrar para aspirar a una vida mejor por la tasa elevada de desempleo, se olvida de las torturas, de las detenciones aleatorias y del miedo con el que vive la gran mayoría del pueblo sirio desde hace décadas.

Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe, habría desechado las estadísticas, los porcentajes y análisis demográficos. Si me hubiesen dejado escribir sobre mi pueblo, hubiera dicho que ha recuperado la dignidad que le arrebataron hace décadas los déspotas que se presentaban como sus salvadores. Si me hubiesen dejado escribir sobre mi pueblo, no hubiera llenado páginas y páginas sobre las probabilidades de que haya una fitna o guerra de sectas, sino que habría hablado de las jóvenes que se pasean por la universidad, a veces tres cogidas del brazo: una sin velo, otra con él y otra, cubriéndose entera excepto sus dos profundos ojos negros.

Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe, habría rescatado la fe inquebrantable de sus corazones y no el fundamentalismo religioso con que los etiquetamos. Habría intentado explicar la serena paz con la que estudia mi compañera de piso después de sus oraciones matutinas y la rabia y la pasión con la que mira los debates de la BBC árabe sobre su país. Hubiera explicado que la sociedad siria es tan polifacética que es imposible describirla. Tan heterogénea que ha degenerado bajo una sola ideología política que aplasta los sueños de los más jóvenes.

Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe, hubiera dejado al descubierto lo único que todo el mundo sabe y nadie quiere recordar: que son seres humanos con sus ilusiones y sus derrotas, son personas de carne y hueso cuya esperanza va cobrando fuerza a medida que los más valientes gritan en las calles lo que sus corazones callan.

Si me hubiesen dejado escribir sobre los acontecimientos en Túnez o en Egipto, no hubiese dejado de recordar al joven tunecino que prefirió prenderse fuego en vez de vivir humillado y en la pobreza, Mohamed Bouazizi o a Said Jaled, aquel joven de Alejandría al que sacaron de un cibercafé las fuerzas de seguridad para matarlo a golpes. No hubiese olvidado mencionar a los cariotas de la plaza Tahrir que se enfrentaron con piedras a los sicarios de Mubarak ni los abrazos del pueblo tunecino con los miembros del ejército tras la huída de Ben Alí. Hubiera recordado el miedo de los blogeros escribiendo sus comentarios sabiendo que podrían ser detenidos y torturados y no hubiese dejado pasar aquella frase del difunto poeta tunecino Abul Kasem al Shabi: Si algún día el pueblo quiere la vida, tendrá que responder el destino, convertido en lema de los manifestantes.

Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe, hubiera dibujado el humo del cigarrillo que se escapa de la boca de mi primo mientras piensa preocupado en los últimos acontecimientos en Siria y en sus hijos. Hubiera enumerado las veces que veo fotos del presidente Bashar en las calles, más numerosas que nunca para aparentar normalidad aunque en la práctica son la señal de que hay algo por lo qué preocuparse para colocarlas en todas partes. También me hubiera gustado escribir lo que no puedo expresar cada día: la rabia que provoca la impunidad, la impotencia de cada viernes cuando se oyen gritos y sirenas de policía y nadie puede decirte de donde proceden o a donde van. La incertidumbre de las cifras: nadie conoce la cifra real de muertos y heridos porque los manifestantes evitan acudir al hospital por si las fuerzas de seguridad los detienen.

Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe, hubiera comparado la respuesta de los jóvenes árabes con la de los europeos, que salen al mercado laboral sin esperanza de encontrar trabajo y hubiera escrito en mayúsculas la palabra "indignaos" para que nuestros políticos dejaran de jugar al perro y al gato. Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe, diría que no he conocido ni conoceré una generación tan prometedora de jóvenes nobles y libres, porque tienen muy poco y aspiran a mucho. Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe, hablaría de la generosidad con la que mi familia me recibe en su casa cada jueves, cuando otro viernes de la ira me empuja a refugiarme en el sitio más seguro. Si me hubiesen dejado hablar sobre el pueblo árabe, contaría los innumerables corralitos que forman los jóvenes en las calles estos días para romper un silencio que parecía eterno.

Pero no me dejaron y por tanto, vuelvo de Damasco triste y vacía, mirando por el cristal esa tierra, esta tierra tan querida y por la que tanto he suspirado desde que la conocí. Ahora un posible destierro se cierne sobre mí porque la situación se vuelve peligrosa para una española como yo. ¿Española? Me pregunto. Pero si soy siria, como ellos. ¿Por qué tengo que dividirme en dos? Además, no quiero irme. ¿Cómo voy a dejar todo esto atrás? Volver. Suena a canción, como el canto de las sirenas. ¿Y qué hago allí? Aquí arriesgo mi vida, allí me espera una larga cola del INEM. ¿Es que no hay un hueco para nosotros, para los puentes? Entre la crisis económica y el pálpito del cambio:

¿cómo resistirse a la sugerente llamada de la revolución?

04 mayo 2012

La palabra ‘pacífico’, un complot contra Siria según la televisión estatal

Ali Othman

Un cámara ciudadano que grababa los ataques de las fuerzas gubernamentales en Baba Amru es entrevistado por la televisión estatal siria

El régimen utiliza su confesión forzada para convencer a sus ciudadanos de que los medios de comunicación extranjeros mienten



Ali Mahmud Othman, conocido como Jeddo, fue detenido el 28 de marzo en Aleppo. Era uno de los fundadores del equipo de cámaras ciudadanos de Baba Amr, que rechazó huir del barrio cuando Damasco lo reconquistó. Este activista sirio jugó un papel fundamental en el rescate de los periodistas occidentales atrapados en Homs. Hoy podéis conocer su historia gracias a Mónica García Prieto, que lo conoció y escribió sobre él en Periodismo Humano.

Durante estos casi dos meses de incertidumbre, muchos de nosotros pensábamos que Jeddo había muerto. Sabíamos que sufriría torturas, como todos los demás presos políticos, y que el régimen intentaría sacarle toda la información posible sobre las personas involucradas en la revolución. Se emprendieron campañas online exigiendo su liberación, como #FreeAliOthman y en Global Voices denunciaron su arresto y después, anunciaron el previo de mal gusto que grabaron para darle publicidad a su confesión televisada: 'Dentro de Baba Amru'.

Ayer, Día Internacional de la Libertad de Prensa, la televisión estatal siria emitió el primer capítulo de esta pantomima. El objetivo propagandístico del programa queda latente cuando antes de la entrevista y para demostrar 'la conspiración internacional' a la que está sometida Siria, invierten el orden de las letras de la palabra 'silmia' (que significa pacífico) para ordenar cronológicamente los países donde hubo manifestaciones: Túnez, Yemen, Egipto, Libia y por último Siria. Es una burla a la inteligencia. En esta conspiración participan todos los demás canales extranjeros.

A Othman le obligan a decir, entre otras cosas, que ha sido entrenado en Arabia Saudí como terrorista y que no puede demostrar que las fuerzas de seguridad mataran a los manifestantes, sino que 'un infiltrado' podría haber cometido los crímenes. También ha dicho que salía a las manifestaciones porque queria cambiar el alcalde y que los ancianos del barrio estaban en contra, pero algunos jóvenes siguieron insistiendo, entre ellos, Khaled Abu Salah, otro reconocido activista sirio.

Para ver la emisión completa pulsa aquí. Recordamos que Siria es, según el Instituto Internacional de Prensa, el país más peligroso para los periodistas. 

30 abril 2012

Los sirios se burlan de la muerte



  • 'Bashar, no bombardees Homs, bombardéanos a nosotros', dice un cartel de la ciudad de Kafarnabel
  • Algunos manifestantes engañaron a las fuerzas de seguridad haciéndoles creer que llevaban explosivos para que no los arrestaran

Abu Yaafar es un activista sirio conocido por informar sobre la situación de la ciudad de Al Rastan. El pasado 3 de marzo estaba filmando un vídeo cuando un francotirador le disparó varias veces. La reacción de Abu Yaafar quedó recogida en este video. Sonríe, aún con el susto. «Esto es una guerra oficial», afirma entre risas.

A pesar de la tragedia diaria de la represión, los sirios han convertido el humor negro en una forma original de resistencia. Las paradojas se han hecho tan famosas que empiezan a formar parte del imaginario colectivo. Los sirios las utilizan para reírse de su propia desgracia. La serie de frases que las recogen comienzan con un "Sólo en Siria" y se pueden leer en Internet y en pancartas. «Sólo en Siria, cuando llegan las fuerzas de seguridad empieza el peligro» o «Sólo en Siria los observadores de la Liga Árabe necesitan de observadores» son sólo algunos ejemplos.

Los carteles de Kafarnabel, una ciudad del norte del país, son otra muestra. «A quien le pueda interesar, la muerte está cansada de nosotros», reza uno de sus carteles más populares. Tras décadas de sumisión al sistema, los sirios liberan su creatividad a raudales. En una de las pancartas más difundidas, Bashar aparece postrado en una camilla en parada cardiaca y Putin intenta reanimarlo con el «veto» en forma de desfibrilador.

Un año de revolución da para mucha originalidad. En este video, editado por la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio, se recogen varios momentos emblemáticos de las manifestaciones. En la primera escena, un jóven transmite en clave de humor las «ofertas de Bashar». En la segunda, se llaman a sí mismos «terrorista, conspirador, salafí» y disparan armas de mentira para deslegitimar la versión del régimen. En la tercera y cuarta escena, se muestran las protestas pacíficas y el mensaje de que "Uno,uno,uno, el pueblo sirio es uno" para combatir la violencia sectaria.

El ingenio ha logrado salvar vidas. Un jóven de Homs que vió cómo arrestaban a su hermano gritó «¡Ahora! ¡Tira del cinturón de explosivos!» consiguiendo que las fuerzas del régimen creyeran la mentira y lo soltaran inmediatamente.

Estos actos casi nunca son espontáneos. Desde que comenzaran las protestas el 15 de marzo del 2011, se han fundado varias asociaciones que se dedican a organizar actividades no violentas para protestar contra el régimen, sobre todo en la capital. Entre ellas el movimiento 'Días de libertad' que ha conseguido teñir de rojo las fuentes de Damasco para representar simbólicamente la sangre de los mártires. También han escondido altavoces en edificios públicos por donde sonaban canciones de protesta e incluso han convocado huelgas generales «por la dignidad».
"Estas iniciativas contribuyen a disputarle el espacio público al régimen de una manera ingeniosa", afirma Swehat.
Yassin Swehat, bloguero sirio afincado en España, afirma que los manifestantes "se dieron cuenta de que protestar en el centro de Damasco era extremadamente arriesgado debido a la fortísima presencia de los aparatos de seguridad y por ello, idearon modos de protesta más escurridizos, a la vez que impactantes visualmente".

¿Cómo hacen llegar sus mensajes al mundo? Alseif (apodo por el que se le conoce) es otro sirio afincado en España que lleva un año escribiendo sobre la revolución en las páginas de facebook. "Me encargo de transmitir la información que llega por Skype de las coordinadoras locales en Siria. Las traduzco y las cuelgo en facebook donde las leen periodistas y activistas españoles. Nuestro principal objetivo es transmitir la voz del pueblo sirio en España".

Para él, los móviles han sido fundamentales para hacernos llegar lo que estaba pasando dentro del país, ya que los periodistas internacionales han tenido prohibido el acceso. «Gracias a los videos que graban los propios sirios, hemos conseguido burlar la censura que imponía el régimen».

Swehat no lo tiene tan claro. «Es cierto que Internet ha ofrecido una herramienta que antes no existía, pero el régimen tiene herramientas para censurar y vigilar en la red, incluso ha recibido apoyo técnico para poder controlar los sistemas de comunicaciones vía satélite».

Más de 12.000 personas han perdido la vida por pedir justicia social y democracia, entre ellas más de 500 niños. Miles de desplazados en Líbano, Jordania y Turquía no saben cuando volverán a sus casas. A los sirios de dentro sólo les queda una salida: resistir a base de sacarmo.

16 abril 2012

Los testigos incómodos de la violación de la tregua

Dos cámaras son asesinados en Siria en la tercera jornada del cese de hostilidades
Los barrios de Al Qurabis y Yura Alsiaj, en Homs, han sido los más castigados


El régimen sirio no sólo viola la tregua, sino que además no quiere testigos. El sábado 14 de abril dos cámaras sirios fueron asesinados por las fuerzas de Asad mientras intentaban documentar lo que ocurre sobre el terreno. A pesar del alto el fuego pactado con el enviado especial de la ONU y la Liga Árabe, Kofi Annan; la violencia se ha recrudecido en puntos como Homs, Idleb, Alepo y en los suburbios de Damasco.

Samer Shalab Alshaam, también apodado Abu Laila, se dirigía esa mañana hacia el barrio de Qarabis, en Homs, para informar el mundo de las atrocidades del régimen cuando fue asesinado. Una activista que lo conocía, Dima Moussa, asegura que éste era el vídeo que estaba grabando momentos antes de su muerte.




Abu Laila moría media hora después de sufrir un ataque de las tropas de Asad cerca del Hospital Nacional. Sus compañeros trataron de llevárse al herido pero los continuos disparos del ejército imposibilitaron su traslado. 

Otro cámara de Homs grabó también el momento en el que un tanque dispara un misil al edificio donde se encontraba, en el barrio de Yura Alsiaj, muy cercano a Qarabis. Se aprecia de forma precisa la forma del proyectil llegando a la planta superior y su impacto, lo que provoca el desprendimiento de cascotes.


Ahmad Abdullah Al-Abdullah fue el otro cámara asesinado, esta vez en los suburbios de Damasco. Las fuerzas de seguridad estaban haciendo una campaña de arrestos en la zona de Aldumeir y Abdullah estaba grabando la operación cuando fue alcanzado por el fuego del Ejército.

Desde el alto el fuego, más de cien personas han sido asesinadas en Siria, violando el pacto acordado con Annan. Esto demuestra que la diplomacia no sirve para ayudar al pueblo sirio, que sigue siendo reprimido a sangre y fuego.

14 marzo 2012

La forma de los pájaros

El aniversario de la revolución Siria
15/03/2012

“Ésta es una prisión, padre, ¿no sabes cómo dibujar un pájaro?” Y yo le digo:“Hijo, perdóname. He olvidado la forma de los pájaros[1]”.
Nizar Qabbani, Lección de dibujo



Siempre deseé que los manifestantes recuperaran del tiempo a Nizar Qabbani para que insuflaran en la lucha el calor de sus versos. ¿Por qué no lo hicieron? Sencillamente, porque necesitaban renovar el ideario poético con una esperanza de la que carecía la última generación.

“Yo he visto la libertad cara a cara, la he visto tan cerca de mi y de vosotros”. El testamento de Giath Matar –y el levantamiento popular- concedió una nueva voz a “la mitad del pueblo que no tenía lengua [2]”.


Jaled Ibn Walid despertó del letargo sueño la noche del 19 de abril. Es una fecha difícil de olvidar porque, además de los gritos y los tiros que sonaban a lo lejos, un joven llegó jadeando al barrio de y gritó: “No durmáis, nos están matando en la plaza”. Homs iniciaba su larga andadura para convertirse en la capital de una revolución. (Huí como una bellaca pero Homs no sólo perdona, sino que deja su huella legendaria a todos los que toca.)

Hoy, más que nunca, debemos rescatar doce meses de resistencia. Rescatar las frases sarcásticas de Kafarnabel que rezan “la muerte se ha cansado de nosotros”. Rescatar el ingenio de los homsis y la proeza de un joven que logró salvar a su hermano del arresto cuando le propuso a gritos que accionara un falso chaleco explosivo. Rescatemos, una vez más, todas las frases que empiezan por un “Sólo en Siria”.


Abajo las cifras. Rescatemos la risa desafiante ante la muerte de Abu Yaafar. Rescatemos a cada infiltrado. Rescatemos las protestas que forman figuras de cruces y lunas que ponen en evidencia las mentiras del régimen. Rescatemos las fuentes que se tiñen de rojo en honor a los que perdieron el miedo, que avergüencen a quien todavía lo tiene. Rescatemos los nombres de los mártires que renombraran las calles y rescatemos la voz de Qashush; que suene en todos los rincones de Damasco. 

Rescatemos un movimiento pacífico que permanece, a pesar de que muchos lo llaman “rebeldes”, “grupos armados” o “terroristas”. Rescatemos los ojos de Rami Al Sayed de Baba Amru y pintemos en la pared la frase que hizo temblar un estado policial: "El pueblo quiere la caída del régimen". La muerte los acecha todos los días. Los sirios han aprendido a burlarse del destino.


Hoy recordarán a los que fueron asesinados por defender peticiones legítimas como libertad y dignidad y llorarán la muerte de más de 500 niños. ¿Quién consuela al torturado? ¿A una madre sin su hijo? ¿Cómo rehacer una vida donde se ha perdido tanto: la casa, el trabajo, la familia? “El régimen caerá” es la máxima convicción en sus almas. Unos niños de Deraa les enseñaron algo que habían olvidado: cómo se dibuja la forma de los pájaros.



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