27 noviembre 2011

"Soy asocial. Nunca voy a cenas con gente que no conozco antes"


David Bravo Bueno. Abogado especialista en propiedad intelectual

"Según la SGAE es más grave descargar una canción que acosar sexualmente a una trabajadora o repartir porno en un colegio". David Bravo, conocido como el azote de la SGAE, es una de las personas más activas en cuanto a defensa de la cultura se refiere y asiduo colaborador en los medios de comunicación españoles. El autor de Copia este libro  tuvo la paciencia de contestar a este cuestionario un tanto "desenfadado".

           1) ¿Se podrá desinstalar de nuestras vidas el modelo de negocio tradicional para cobrar derechos de autor?

Creo que en la práctica para los ciudadanos, que acuden masivamente a medios alternativos para acceder a las obras intelectuales, ya se ha desinstalado,  Lo que queda es preguntarse si la industria se dará cuenta algún día, si superará su interminable fase de duelo y si se pondrá a trabajar en un modelo de negocio diferente que pueda competir con lo que existe hoy y que nada invita a pensar que vaya a desaparecer.

           2) ¿Cuantos trolls tiene su lista negra?

Por suerte tengo pocos trolls. Hubo una época en la que un tipo me escribía casi a diario un correo que siempre decía en el asunto: "Eres un auténtico comunista imbécil". Yo leía lo de auténtico y me parecía halagador pero al leer lo de "imbécil" pensaba "¡hey, espera, que creo que este tipo va con segundas!"

           3) ¿Cual ha sido la descarga del año?

La de Buenafuente al inicio de la gala de los Goya.

           4) ¿La autopista de la información barrerá las dictaduras del siglo XXI?

Quién sabe. El futuro no está escrito y es, como casi todo, una construcción social. No hay nada más reaccionario que pensar como muchos que la historia es una línea recta ascendente (siempre de peor a mejor) y en la que todo está ya predeterminado. Nadie sabe qué pasará, sólo puede asegurarse que lo que ocurra en el futuro depende de nosotros y que el resultado será todo culpa nuestra o mérito nuestro.

           5) ¿Qué tres cosas se llevaría a una cena con Sinde?

Soy asocial. Nunca voy a cenas con gente que no he conocido antes personalmente porque no sé dónde mirar ni qué decir.  

            6) Llamar a los usuarios "piratas", y a las descargas " ilegales" ¿No merece una querella?

Merece no comprar los productos de quien insulta a sus clientes. Una querella por algo como esto no tendría muchas posibilidades de prosperar. Eso sí, si alguien llamara a otro personalmente pirata (identificándolo con nombre y apellidos), sí podría -y debería- interponer una querella.

            7) He copiado la ultima pregunta de su muro de facebook, ¿podría denunciarme su propietario por plagio?

Dependerá de si lo copiado tiene suficiente originalidad y esfuerzo creativo como para considerarse una obra intelectual (jurisprudencialmente se suele pedir muy poco para que lo sea). Si así fuera, la copia haciéndose pasar por autor de algo que es ajeno sería un plagio que puede ser denunciado.

            8) ¿Se atreve a pronosticar el fin de la SGAE?

En absoluto.

            9) ¿La vida pirata es la vida mejor?

Habrá que preguntarle a algunos políticos y banqueros si es así. Yo desde luego les veo contentos.

           10) Escribe las cinco palabras que más repite en sus charlas y artículos sobre propiedad intelectual y derechos de autor.

Son más de cinco pero creo que son: p2p, cambio de modelo, propiedad intelectual, copyleft y King África.

           11) ¿La humanidad va hacia el copy right o hacia el copy left?

La humanidad siempre ha sido copyleft. El copyright es un paréntesis diminuto en términos históricos. Pese a ratificarme en mi anterior respuesta sobre los intentos de predecir el futuro, todo parece indicar que el copyleft es inevitable. 

          12) ¿Te consideras El Quijote 2.0?

Soy idiota, pero no tan idiota como para considerarme algo parecido.

          13) ¿Se considera un romántico del vinilo y el papel?

No soy romántico ni del vinilo, ni del papel, ni de los gadgets actuales que los sustituyen.

19 noviembre 2011

Homs pre-revolucionaria


El reloj nuevo de Homs. /Laila Muharam

“Yo perdí a un hermano. Hace años se lo llevaron las fuerzas de seguridad y desde entonces no sabemos nada”, me confesó Lana (nombre ficticio, como todos) mi último día en Homs. Antes de salir hacia el aeropuerto de Damasco, la directora de mi escuela de idiomas me regaló un libro sobre la historia de Palestina en imágenes. La nota que me dedicó decía: “Volveremos a vernos, si Dios quiere”.
 
Aquella confesión contrastaba radicalmente con la imagen mental que me había fabricado. Cuando la conocí sentada detrás del enorme escritorio que presidía la sala de recepción, recuerdo haberme fijado en el retrato de Bashar al Assad sobre su cabeza. Confundí ambas imágenes en una sola, tal y como pretendía la propaganda del régimen. Sólo entonces comprendí la rabia que debió sentir Lana al entrar en su despacho todos estos años y ver la cara del culpable de la desaparición de su ser más querido colgado en la pared.

Homs era un pozo sin fondo y un hervidero de sueños. Suele olvidarse que antes de que se convirtiera en la capital de la revolución, sus gentes sobrevivían a las infamias diarias. Nimiedades comparado con la dureza de esta lucha en la que ahora se desangra, pero que integrados en su contexto, se vuelven testimonios reveladores sobre su capacidad de sufrimiento.

La mezquita de Khaled Ibn Al-Walid /Laila Muharram
Zena, mi vecina, también vino a despedirse. “Me levanto cada mañana sólo para saber qué me depara la vida”. Esa frase resumía en pocas palabras la precaria situación de los jóvenes en Siria con pocos recursos. Esta chica de 30 años trabajaba de sol a sol para salir adelante como profesora de árabe. Su vida era lo que hacía. Aquel día me expresó sus temores. “Tengo miedo de lo que pueda ocurrir si me es imposible trabajar. Podría irme a Damasco pero aquí tengo a mi familia y tengo que cuidarla”, me dijo el último día que la vi.


También se presentó mi primo Ibra en casa para decirme adiós. Durante los últimos meses, me había invitado a comer a su casa una vez a la semana. Como si todos quisieran compartir conmigo un último secreto, me dijo con la mirada perdida: “Si no hubiera pasado 15 años en la cárcel por algo que no hice, ahora podría ser médico o ingeniero. Era muy inteligente con tu edad.” Pensé en su pequeño negocio que había heredado de su padre. También en lo que podría haber sido si el estado de emergencia no hubiera existido jamás.
Niños celebrando el Eid al Adja en 2010 / Laila Muharram

La vida continuaba aunque pareciera que todo se detenía. En los vídeos que emitía alyazeera, los manifestantes de Deraa gritaban “el pueblo quiere la caída del régimen”. Sólo era el germen de las protestas. Recuerdo haber visto a Ibra gritando “Revolution, revolution” mirando la tele con la esperanza en los ojos. También la presencia de su mujer en el marco de la puerta moviendo la cabeza en señal de desaprobación. “Ahora debes pensar en tus hijos”, decía.

Por último, se presentaron mis primos segundos. -“¿Qué tal estás conspirador?”- “Yo bien. ¿Y tu salafí?”- Así se saludaban entre ellos aquel día tan amargo. Bromeaban sobre su condición y sobre las mentiras que escupía la televisión siria sobre ellos. Se sentían privilegiados por estar viviendo todo aquello. Muchos que se habían marchado al extranjero para trabajar no podían decir lo mismo. Allí sólo había oportunidad para unos pocos y los demás debían emigrar a los países del golfo para subsistir. Miles de sirios, una generación entera de jóvenes esperanzados, creían que todo eso iba a cambiar pronto. Hoy están muertos. Pero esa historia ya la conocéis.

09 noviembre 2011

"Todos somos víctimas"

La crisis social detrás de las cifras del paro

Chema Ruiz Losa, portavoz de Plataforma Afectados por la hipoteca, habla de su labor

Chema Ruíz Losa, en el Hotel Madrid ocupado / Laila Muharram
“Nunca olvidaré el abrazo que me dio Maria José llorando el día que no pudimos parar su desahucio. Me preguntaba si nos había hecho daño la policía. Estaba más preocupada por nosotros que por ella misma”. Así cuenta José María Ruiz Losa el momento más dramático de estos once meses de intenso trabajo desde que fundara la Plataforma a principios de año.

El Instituto Nacional de Estadística situaba la semana pasada el número de parados en 4.360.926 de personas en el mes de Octubre y todo parece indicar que España camina hacia una segunda recesión en menos de dos años. La crisis laboral se ha convertido ya en una crisis social. Eso exactamente es de lo que se ocupa Ruiz Losa: “Somos conscientes de que actuamos en un contexto de emergencia social”.

Aquel 20 de julio se palpaba un ambiente muy tenso en la calle Virgen de Lluc del barrio madrileño de Pueblo Nuevo. Era el segundo intento de desahucio en menos de un mes y el caso se presentaba especialmente delicado: una mujer, María José, en paro, que vivía con su hija de 24 años, también desempleada, y su hijo de 25 con un 77% de minusvalía física. El despliegue policial fue desproporcionado: 10 furgones antidisturbios y 50 efectivos policiales para desalojar a tres personas.


Es el drama social que ha generado la crisis. No son sólo cifras. Detrás de cada número se esconde una historia de terror que comienza cuando la persona se queda sin empleo. Le ocurrió al mismo José María Ruiz. El 11 de Octubre del 2010 intentaron subastar su casa. Su caso y el de su compañero de Murcia, José Coy, le impulsaron a crear la plataforma. “José Coy intentó suicidarse. Fue él quien me comentó que creara una Plataforma como la suya en Madrid”

Desde entonces, ha conseguido parar 20 desahucios. No ha sido un camino fácil. No sabe decir cuántas horas le dedica al día. “Hay veces que me levanto por la mañana temprano y me pongo a revisar casos antes de salir a trabajar.” Este hombre lleno de vitalidad a sus 37 años compagina su actividad en la organización con su empleo de comercial, además de dedicar tiempo a su mujer y a su hija de 8 años.

Aparte de revisar casos de la mañana a la noche, el objetivo de la Plataforma no es sólo parar desahucios. Intervienen en las tres etapas del proceso. En la primera fase de impagos, se intenta renegociar la deuda con el banco. En la segunda fase, cuando se pone en marcha la ejecución hipotecaria, sirven de intermediarios para que el banco acepte la dación en pago. Y en la última fase, se organizan para detener el desalojo. 

Cartel de bienvenida del Hotel Madrid ocupado /Laila  M.
“Lo hago porque me hace sentir vivo”, dice Ruiz con media sonrisa. Estar en la lucha. Cuenta que la experiencia vital que ha vivido este año ha sido muy enriquecedora. También tiene sus inconvenientes: “Te quemas, hay muchas horas de trabajo, no ves a la familia”. Y las situaciones a las que se enfrenta diariamente no son “aptas” para sensibles. “No es lo mismo leerlo en un periódico que ir al barrio chabolista de Puerta de Hierro y ver como los niños viven entre las ratas”.

Ahora se dedica a trabajar en el Hotel Madrid ocupado por el movimiento 15M desde mediados de Octubre. “Estamos definiendo un proyecto dedicado exclusivamente a los parados de larga duración”. Lanza un mensaje para animar a los indecisos a colaborar: “Todos somos víctimas. La única forma de ayudar es que participemos todos juntos”.

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