27 junio 2012

Nuestro letargo ideológico o el giro copernicano del pueblo sirio


Grabé estas imágenes días antes de abandonar Homs. En el vídeo, los primeros manifestantes del barrio Al Qusur acababan de volver de la masacre del Reloj Nuevo. Gritan: "Asad, traidor, lleva tus soldados al Golán". El despertar del letargo ideológico del pueblo sirio quedaba retratado en ese grito desgarrador del joven que, por primera vez, se atrevía a expresar su indignación. Era insoportable pensar que los soldados que debían recuperar los Altos del Golán, ocupados por Israel, estuvieran matando a su propio pueblo.


La primera revolución en Siria no tuvo lugar en las calles, sino en las mentes. Miles de personas perdieron el miedo no sólo a la violenta represión de la dictadura, sino a pensar de forma diferente. Vieron en Túnez y en Egipto un espejo donde mirarse y las primeras y últimas protestas han sido demostraciones pacíficas de sus legítimas demandas: libertad y dignidad. Se encendieron las conciencias con esas dos ideas en una especie de giro copernicano que el régimen no ha podido apagar.

Fuera de sus fronteras, ese cambio no se ha producido. Muchos siguen juzgando lo que ocurre en el país con ideas preconcebidas. Se habla de Siria:

1) para compararla con Libia, como si ambos países compartieran el mismo contexto estratégico, político y social, aislando sus circunstancias específicas y obviando los elementos que arrojarían luz al entendimiento. No sólo confunden a la opinión pública, sino que demuestran tener poco conocimiento de la historia contemporánea de la región. Como afirma Alba Rico: "Al hablar de las intifadas árabes es necesario atender al mismo tiempo a lo específico y a lo común como fuentes indispensables, no jerarquizadas, de explicación".

2) para defender la teoría conspiranoica, la cual asegura que el gobierno sirio es legítimo y que lucha contra la injerencia extranjera de Estados Unidos, Israel y los países del golfo. Sabemos que los petrodólares llevan décadas financiando a los opositores de todas las dictaduras de la región, pero no olvidemos que el régimen se mantiene por el apoyo de Rusia y que los destinos de Irán y Líbano van ligados al destino de Damasco. 

   En el tablero de ajedrez sirio, todos los países mueven sus fichas. Hablar sólo sobre uno de los jugadores es faltar a la verdad. Sobre la influencia exterior en los rebeldes,  las últimas informaciones que recogían New York Times y The Guardian confirman la financiación de los insurrectos desde territorio turco. Existen pruebas evidentes de que agentes externos al levantamiento popular intentan abortar la revolución. 

   Pero si Asad fuera la verdadera víctima de un complot internacional, estaría deseoso de informar sobre estos atropellos y abriría las puertas a la prensa extranjera. O permitiría la libre circulación de observadores para demostrar su inocencia. No es el caso. El régimen de Asad no se puede sostener sin violencia. El giro copernicano es más fuerte.

3) para oponerse a la intervención 'por motivos humanitarios', como si todos los sirios quisieran romper el frágil equilibrio entre las diferentes sectas o no fuéramos conscientes de lo que supuso la intervención en Irak y Afganistán. Son los sirios los que han vivido más de cerca la intervención iraquí, el miedo a la iraquización del país sigue presente. ¿Por qué hay quienes se consideran mejores conocedores de sus consecuencias? 

Si apartaran el odio y la impotencia que esa realidad ha ido alimentando con los años (la ocupación israelí en Palestina, la intervención en Irak, la deriva de Afganistán)  y abrieran los ojos a la tragedia que vive hoy el pueblo sirio, descubrirían que estamos en la misma lucha.

Si algo deberíamos haber aprendido de las últimas intifadas es que los árabes han dejado de estar marginados de la corriente central de la historia. Como declara Santiago Alba: "Se han reivindicado como adelantados de un movimiento universal de renovación democrática". Una "ola redignificadora" cuyo principal objetivo es anteponer sus destinos a los intereses de los demás. Incluso, "a los nuestros".


Entrevista a Santiago Alba Rico aquí.

25 mayo 2012

Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe


Hace un año me presenté por primera vez al examen de acceso del Máster de la Escuela Diplomática. Estaba estudiando árabe en Homs y viajé a Damasco para realizar la prueba en la embajada española. Este texto lo escribí de vuelta a la 'capital de la revolución', con los sentimientos todavía a flor de piel, sabiendo que no aprobaría. Cuelgo este texto un año después, tras conocer que seré alumna del Máster 2012-2013.

Montañas rocosas a las afueras de Damasco. | Laila Muharram
Homs, 12 de abril del 2011. Volver de Damasco. Casi suena como una canción. Volver. Una palabra que me taladra la cabeza mientras miro por la ventana la cordillera rocosa de las afueras de Damasco. Acabo de hacer un examen en la embajada española para aspirar a entrar en el Master de Relaciones Internacionales de la Escuela Diplomática el año que viene en Madrid. Me dieron para desarrollar dos temas, uno a elegir entre el cambio climático o la inmigración en España, temas que no me había preparado y una vez escritos aquí, parecen muy obvios.

Tendría que haber hablado sobre el cambio climático. O sobre la inmigración. Esos son temas importantes, pero he sido incapaz. Me hubiera gustado hablar de lo que no se habla en los medios de comunicación, de lo que para los medios de comunicación no es importante: que el país en el que vivo está inmerso en una de sus mayores crisis internas. Las protestas en Siria dejan un reguero de sangre cada viernes, cada sábado y ahora también entre semana. Cada uno se echa la culpa al otro, la cadena siria emite los entierros de las fuerzas de seguridad asesinadas cuando intentaban reprimir las revueltas, pero se olvida de los manifestantes muertos en Deera, Menias, Duma y Homs que sólo reclamaban reformas políticas como se olvidó de los miles de muertos que dejó la matanza de Hama en 1982. Se olvida de todas las personas que pasaron media vida en la cárcel sólo por haberse reunido para dialogar, se olvida de todos los jóvenes que debieron emigrar para aspirar a una vida mejor por la tasa elevada de desempleo, se olvida de las torturas, de las detenciones aleatorias y del miedo con el que vive la gran mayoría del pueblo sirio desde hace décadas.

Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe, habría desechado las estadísticas, los porcentajes y análisis demográficos. Si me hubiesen dejado escribir sobre mi pueblo, hubiera dicho que ha recuperado la dignidad que le arrebataron hace décadas los déspotas que se presentaban como sus salvadores. Si me hubiesen dejado escribir sobre mi pueblo, no hubiera llenado páginas y páginas sobre las probabilidades de que haya una fitna o guerra de sectas, sino que habría hablado de las jóvenes que se pasean por la universidad, a veces tres cogidas del brazo: una sin velo, otra con él y otra, cubriéndose entera excepto sus dos profundos ojos negros.

Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe, habría rescatado la fe inquebrantable de sus corazones y no el fundamentalismo religioso con que los etiquetamos. Habría intentado explicar la serena paz con la que estudia mi compañera de piso después de sus oraciones matutinas y la rabia y la pasión con la que mira los debates de la BBC árabe sobre su país. Hubiera explicado que la sociedad siria es tan polifacética que es imposible describirla. Tan heterogénea que ha degenerado bajo una sola ideología política que aplasta los sueños de los más jóvenes.

Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe, hubiera dejado al descubierto lo único que todo el mundo sabe y nadie quiere recordar: que son seres humanos con sus ilusiones y sus derrotas, son personas de carne y hueso cuya esperanza va cobrando fuerza a medida que los más valientes gritan en las calles lo que sus corazones callan.

Si me hubiesen dejado escribir sobre los acontecimientos en Túnez o en Egipto, no hubiese dejado de recordar al joven tunecino que prefirió prenderse fuego en vez de vivir humillado y en la pobreza, Mohamed Bouazizi o a Said Jaled, aquel joven de Alejandría al que sacaron de un cibercafé las fuerzas de seguridad para matarlo a golpes. No hubiese olvidado mencionar a los cariotas de la plaza Tahrir que se enfrentaron con piedras a los sicarios de Mubarak ni los abrazos del pueblo tunecino con los miembros del ejército tras la huída de Ben Alí. Hubiera recordado el miedo de los blogeros escribiendo sus comentarios sabiendo que podrían ser detenidos y torturados y no hubiese dejado pasar aquella frase del difunto poeta tunecino Abul Kasem al Shabi: Si algún día el pueblo quiere la vida, tendrá que responder el destino, convertido en lema de los manifestantes.

Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe, hubiera dibujado el humo del cigarrillo que se escapa de la boca de mi primo mientras piensa preocupado en los últimos acontecimientos en Siria y en sus hijos. Hubiera enumerado las veces que veo fotos del presidente Bashar en las calles, más numerosas que nunca para aparentar normalidad aunque en la práctica son la señal de que hay algo por lo qué preocuparse para colocarlas en todas partes. También me hubiera gustado escribir lo que no puedo expresar cada día: la rabia que provoca la impunidad, la impotencia de cada viernes cuando se oyen gritos y sirenas de policía y nadie puede decirte de donde proceden o a donde van. La incertidumbre de las cifras: nadie conoce la cifra real de muertos y heridos porque los manifestantes evitan acudir al hospital por si las fuerzas de seguridad los detienen.

Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe, hubiera comparado la respuesta de los jóvenes árabes con la de los europeos, que salen al mercado laboral sin esperanza de encontrar trabajo y hubiera escrito en mayúsculas la palabra "indignaos" para que nuestros políticos dejaran de jugar al perro y al gato. Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe, diría que no he conocido ni conoceré una generación tan prometedora de jóvenes nobles y libres, porque tienen muy poco y aspiran a mucho. Si me hubiesen dejado escribir sobre el pueblo árabe, hablaría de la generosidad con la que mi familia me recibe en su casa cada jueves, cuando otro viernes de la ira me empuja a refugiarme en el sitio más seguro. Si me hubiesen dejado hablar sobre el pueblo árabe, contaría los innumerables corralitos que forman los jóvenes en las calles estos días para romper un silencio que parecía eterno.

Pero no me dejaron y por tanto, vuelvo de Damasco triste y vacía, mirando por el cristal esa tierra, esta tierra tan querida y por la que tanto he suspirado desde que la conocí. Ahora un posible destierro se cierne sobre mí porque la situación se vuelve peligrosa para una española como yo. ¿Española? Me pregunto. Pero si soy siria, como ellos. ¿Por qué tengo que dividirme en dos? Además, no quiero irme. ¿Cómo voy a dejar todo esto atrás? Volver. Suena a canción, como el canto de las sirenas. ¿Y qué hago allí? Aquí arriesgo mi vida, allí me espera una larga cola del INEM. ¿Es que no hay un hueco para nosotros, para los puentes? Entre la crisis económica y el pálpito del cambio:

¿cómo resistirse a la sugerente llamada de la revolución?

04 mayo 2012

La palabra ‘pacífico’, un complot contra Siria según la televisión estatal

Ali Othman

Un cámara ciudadano que grababa los ataques de las fuerzas gubernamentales en Baba Amru es entrevistado por la televisión estatal siria

El régimen utiliza su confesión forzada para convencer a sus ciudadanos de que los medios de comunicación extranjeros mienten



Ali Mahmud Othman, conocido como Jeddo, fue detenido el 28 de marzo en Aleppo. Era uno de los fundadores del equipo de cámaras ciudadanos de Baba Amr, que rechazó huir del barrio cuando Damasco lo reconquistó. Este activista sirio jugó un papel fundamental en el rescate de los periodistas occidentales atrapados en Homs. Hoy podéis conocer su historia gracias a Mónica García Prieto, que lo conoció y escribió sobre él en Periodismo Humano.

Durante estos casi dos meses de incertidumbre, muchos de nosotros pensábamos que Jeddo había muerto. Sabíamos que sufriría torturas, como todos los demás presos políticos, y que el régimen intentaría sacarle toda la información posible sobre las personas involucradas en la revolución. Se emprendieron campañas online exigiendo su liberación, como #FreeAliOthman y en Global Voices denunciaron su arresto y después, anunciaron el previo de mal gusto que grabaron para darle publicidad a su confesión televisada: 'Dentro de Baba Amru'.

Ayer, Día Internacional de la Libertad de Prensa, la televisión estatal siria emitió el primer capítulo de esta pantomima. El objetivo propagandístico del programa queda latente cuando antes de la entrevista y para demostrar 'la conspiración internacional' a la que está sometida Siria, invierten el orden de las letras de la palabra 'silmia' (que significa pacífico) para ordenar cronológicamente los países donde hubo manifestaciones: Túnez, Yemen, Egipto, Libia y por último Siria. Es una burla a la inteligencia. En esta conspiración participan todos los demás canales extranjeros.

A Othman le obligan a decir, entre otras cosas, que ha sido entrenado en Arabia Saudí como terrorista y que no puede demostrar que las fuerzas de seguridad mataran a los manifestantes, sino que 'un infiltrado' podría haber cometido los crímenes. También ha dicho que salía a las manifestaciones porque queria cambiar el alcalde y que los ancianos del barrio estaban en contra, pero algunos jóvenes siguieron insistiendo, entre ellos, Khaled Abu Salah, otro reconocido activista sirio.

Para ver la emisión completa pulsa aquí. Recordamos que Siria es, según el Instituto Internacional de Prensa, el país más peligroso para los periodistas. 

30 abril 2012

Los sirios se burlan de la muerte



  • 'Bashar, no bombardees Homs, bombardéanos a nosotros', dice un cartel de la ciudad de Kafarnabel
  • Algunos manifestantes engañaron a las fuerzas de seguridad haciéndoles creer que llevaban explosivos para que no los arrestaran

Abu Yaafar es un activista sirio conocido por informar sobre la situación de la ciudad de Al Rastan. El pasado 3 de marzo estaba filmando un vídeo cuando un francotirador le disparó varias veces. La reacción de Abu Yaafar quedó recogida en este video. Sonríe, aún con el susto. «Esto es una guerra oficial», afirma entre risas.

A pesar de la tragedia diaria de la represión, los sirios han convertido el humor negro en una forma original de resistencia. Las paradojas se han hecho tan famosas que empiezan a formar parte del imaginario colectivo. Los sirios las utilizan para reírse de su propia desgracia. La serie de frases que las recogen comienzan con un "Sólo en Siria" y se pueden leer en Internet y en pancartas. «Sólo en Siria, cuando llegan las fuerzas de seguridad empieza el peligro» o «Sólo en Siria los observadores de la Liga Árabe necesitan de observadores» son sólo algunos ejemplos.

Los carteles de Kafarnabel, una ciudad del norte del país, son otra muestra. «A quien le pueda interesar, la muerte está cansada de nosotros», reza uno de sus carteles más populares. Tras décadas de sumisión al sistema, los sirios liberan su creatividad a raudales. En una de las pancartas más difundidas, Bashar aparece postrado en una camilla en parada cardiaca y Putin intenta reanimarlo con el «veto» en forma de desfibrilador.

Un año de revolución da para mucha originalidad. En este video, editado por la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio, se recogen varios momentos emblemáticos de las manifestaciones. En la primera escena, un jóven transmite en clave de humor las «ofertas de Bashar». En la segunda, se llaman a sí mismos «terrorista, conspirador, salafí» y disparan armas de mentira para deslegitimar la versión del régimen. En la tercera y cuarta escena, se muestran las protestas pacíficas y el mensaje de que "Uno,uno,uno, el pueblo sirio es uno" para combatir la violencia sectaria.

El ingenio ha logrado salvar vidas. Un jóven de Homs que vió cómo arrestaban a su hermano gritó «¡Ahora! ¡Tira del cinturón de explosivos!» consiguiendo que las fuerzas del régimen creyeran la mentira y lo soltaran inmediatamente.

Estos actos casi nunca son espontáneos. Desde que comenzaran las protestas el 15 de marzo del 2011, se han fundado varias asociaciones que se dedican a organizar actividades no violentas para protestar contra el régimen, sobre todo en la capital. Entre ellas el movimiento 'Días de libertad' que ha conseguido teñir de rojo las fuentes de Damasco para representar simbólicamente la sangre de los mártires. También han escondido altavoces en edificios públicos por donde sonaban canciones de protesta e incluso han convocado huelgas generales «por la dignidad».
"Estas iniciativas contribuyen a disputarle el espacio público al régimen de una manera ingeniosa", afirma Swehat.
Yassin Swehat, bloguero sirio afincado en España, afirma que los manifestantes "se dieron cuenta de que protestar en el centro de Damasco era extremadamente arriesgado debido a la fortísima presencia de los aparatos de seguridad y por ello, idearon modos de protesta más escurridizos, a la vez que impactantes visualmente".

¿Cómo hacen llegar sus mensajes al mundo? Alseif (apodo por el que se le conoce) es otro sirio afincado en España que lleva un año escribiendo sobre la revolución en las páginas de facebook. "Me encargo de transmitir la información que llega por Skype de las coordinadoras locales en Siria. Las traduzco y las cuelgo en facebook donde las leen periodistas y activistas españoles. Nuestro principal objetivo es transmitir la voz del pueblo sirio en España".

Para él, los móviles han sido fundamentales para hacernos llegar lo que estaba pasando dentro del país, ya que los periodistas internacionales han tenido prohibido el acceso. «Gracias a los videos que graban los propios sirios, hemos conseguido burlar la censura que imponía el régimen».

Swehat no lo tiene tan claro. «Es cierto que Internet ha ofrecido una herramienta que antes no existía, pero el régimen tiene herramientas para censurar y vigilar en la red, incluso ha recibido apoyo técnico para poder controlar los sistemas de comunicaciones vía satélite».

Más de 12.000 personas han perdido la vida por pedir justicia social y democracia, entre ellas más de 500 niños. Miles de desplazados en Líbano, Jordania y Turquía no saben cuando volverán a sus casas. A los sirios de dentro sólo les queda una salida: resistir a base de sacarmo.

16 abril 2012

Los testigos incómodos de la violación de la tregua

Dos cámaras son asesinados en Siria en la tercera jornada del cese de hostilidades
Los barrios de Al Qurabis y Yura Alsiaj, en Homs, han sido los más castigados


El régimen sirio no sólo viola la tregua, sino que además no quiere testigos. El sábado 14 de abril dos cámaras sirios fueron asesinados por las fuerzas de Asad mientras intentaban documentar lo que ocurre sobre el terreno. A pesar del alto el fuego pactado con el enviado especial de la ONU y la Liga Árabe, Kofi Annan; la violencia se ha recrudecido en puntos como Homs, Idleb, Alepo y en los suburbios de Damasco.

Samer Shalab Alshaam, también apodado Abu Laila, se dirigía esa mañana hacia el barrio de Qarabis, en Homs, para informar el mundo de las atrocidades del régimen cuando fue asesinado. Una activista que lo conocía, Dima Moussa, asegura que éste era el vídeo que estaba grabando momentos antes de su muerte.




Abu Laila moría media hora después de sufrir un ataque de las tropas de Asad cerca del Hospital Nacional. Sus compañeros trataron de llevárse al herido pero los continuos disparos del ejército imposibilitaron su traslado. 

Otro cámara de Homs grabó también el momento en el que un tanque dispara un misil al edificio donde se encontraba, en el barrio de Yura Alsiaj, muy cercano a Qarabis. Se aprecia de forma precisa la forma del proyectil llegando a la planta superior y su impacto, lo que provoca el desprendimiento de cascotes.


Ahmad Abdullah Al-Abdullah fue el otro cámara asesinado, esta vez en los suburbios de Damasco. Las fuerzas de seguridad estaban haciendo una campaña de arrestos en la zona de Aldumeir y Abdullah estaba grabando la operación cuando fue alcanzado por el fuego del Ejército.

Desde el alto el fuego, más de cien personas han sido asesinadas en Siria, violando el pacto acordado con Annan. Esto demuestra que la diplomacia no sirve para ayudar al pueblo sirio, que sigue siendo reprimido a sangre y fuego.

14 marzo 2012

La forma de los pájaros

El aniversario de la revolución Siria
15/03/2012

“Ésta es una prisión, padre, ¿no sabes cómo dibujar un pájaro?” Y yo le digo:“Hijo, perdóname. He olvidado la forma de los pájaros[1]”.
Nizar Qabbani, Lección de dibujo



Siempre deseé que los manifestantes recuperaran del tiempo a Nizar Qabbani para que insuflaran en la lucha el calor de sus versos. ¿Por qué no lo hicieron? Sencillamente, porque necesitaban renovar el ideario poético con una esperanza de la que carecía la última generación.

“Yo he visto la libertad cara a cara, la he visto tan cerca de mi y de vosotros”. El testamento de Giath Matar –y el levantamiento popular- concedió una nueva voz a “la mitad del pueblo que no tenía lengua [2]”.


Jaled Ibn Walid despertó del letargo sueño la noche del 19 de abril. Es una fecha difícil de olvidar porque, además de los gritos y los tiros que sonaban a lo lejos, un joven llegó jadeando al barrio de y gritó: “No durmáis, nos están matando en la plaza”. Homs iniciaba su larga andadura para convertirse en la capital de una revolución. (Huí como una bellaca pero Homs no sólo perdona, sino que deja su huella legendaria a todos los que toca.)

Hoy, más que nunca, debemos rescatar doce meses de resistencia. Rescatar las frases sarcásticas de Kafarnabel que rezan “la muerte se ha cansado de nosotros”. Rescatar el ingenio de los homsis y la proeza de un joven que logró salvar a su hermano del arresto cuando le propuso a gritos que accionara un falso chaleco explosivo. Rescatemos, una vez más, todas las frases que empiezan por un “Sólo en Siria”.


Abajo las cifras. Rescatemos la risa desafiante ante la muerte de Abu Yaafar. Rescatemos a cada infiltrado. Rescatemos las protestas que forman figuras de cruces y lunas que ponen en evidencia las mentiras del régimen. Rescatemos las fuentes que se tiñen de rojo en honor a los que perdieron el miedo, que avergüencen a quien todavía lo tiene. Rescatemos los nombres de los mártires que renombraran las calles y rescatemos la voz de Qashush; que suene en todos los rincones de Damasco. 

Rescatemos un movimiento pacífico que permanece, a pesar de que muchos lo llaman “rebeldes”, “grupos armados” o “terroristas”. Rescatemos los ojos de Rami Al Sayed de Baba Amru y pintemos en la pared la frase que hizo temblar un estado policial: "El pueblo quiere la caída del régimen". La muerte los acecha todos los días. Los sirios han aprendido a burlarse del destino.


Hoy recordarán a los que fueron asesinados por defender peticiones legítimas como libertad y dignidad y llorarán la muerte de más de 500 niños. ¿Quién consuela al torturado? ¿A una madre sin su hijo? ¿Cómo rehacer una vida donde se ha perdido tanto: la casa, el trabajo, la familia? “El régimen caerá” es la máxima convicción en sus almas. Unos niños de Deraa les enseñaron algo que habían olvidado: cómo se dibuja la forma de los pájaros.



25 diciembre 2011

La revolución siria: diez meses de gestación histórica

“La primera vez que grité libertad fue la primera vez que me sentí dignificado”, escribe en Twitter el activista sirio conocido como Alexander Page. Para los que son simples espectadores, las aspiraciones de los sirios son papel mojado bajo la tiránica dirección de Bashar. Sus incursiones armadas contra la población civil hacen pensar en la imposibilidad de que el movimiento democratizador triunfe y se consolide. 

Se olvida que el proceso revolucionario que comenzó el 15 de marzo en la ciudad de Daraa no sólo pretende derrocar al régimen, sino establecer las bases de una unidad nacional. El rancio antiimperialismo y la mera lealtad a los ideales del partido Baaz privaron al pueblo sirio durante cuatro décadas de su auténtica identidad. A pesar de la incertidumbre que asola nuestros corazones, durante estos diez meses de intensa resistencia hemos sido testigos del empoderamiento de una ciudadanía oprimida.

Una nueva Siria se ha ido gestando entre gritos de protesta y derramamiento de sangre. La Siria incipiente se caracteriza por:

1)     El reto del movimiento no violento frente a la represión
2)     La superación del miedo como camino hacia la dignidad
3)     El despertar del pueblo sirio del letargo ideológico 
4)     El empoderamiento ciudadano frente a la censura 
5)     Una nueva percepción sobre quienes son los enemigos y los aliados

1) El reto del movimiento no violento frente a la represión

Estos videos se grabaron el mismo día, el 18 de abril del 2011, en la ciudad de Homs. En el primero una multitud clama a pleno día por la caída del régimen. Es un día caluroso y los entusiasmados manifestantes se riegan de agua unos a otros. Lo único que tienen en la mano son botellas de plástico. Gritan que son silmie, es decir, pacíficos y sus caras irradian felicidad. Horas después, la plaza del reloj nuevo está casi desierta y los ruidos de los disparos son atronadores. Varios manifestantes corren entre las balas. Se vuelven a escuchar los mismos lemas y el cámara se ríe, pensando que los tiros no los silencian. Es el sabor de la libertad. Pagó con su vida ese atrevimiento. Lo mataron cuatro meses después; pero su testimonio no morirá nunca.



2) La superación del miedo como camino hacia la dignidad

Partidarios de la familia Assad en Homs. / Laila Muharram
“Revolution, revolution”, gritó Abu Jaled frente a la televisión del salón de su casa. Las imágenes reproducían nítidamente la plaza Tahrir colmada de manifestantes que celebraban eufóricos la caída de Mubarak. “No grites que nos oirán los vecinos” dijo Nura, su mujer. Abu Jaled reprimió su alegría y cerró la puerta de la terraza. Viví esta escena en Homs aquel 11 de febrero histórico. Mientras los ojos del mundo entero estaban pendientes de los egipcios, yo observaba con ansiedad la reacción de mis vecinos..

El miedo ha sido el arma más poderosa del régimen sirio. Los servicios secretos, la temida mujabarat, ostentan una red de informadores presentes en todos los espacios públicos del país. Quienes atentaban contra “el orden público” eran inmediatamente detenidos o torturados en el peor de los casos. Nadie se arriesgaba a opinar delante de personas que no conocía,  ni siquiera de las que conocía. También inspiraban temor las historias sobre la masacre de Hama. Terror a que la barbarie se repitiese. Tenían razones suficientes para creerlo. Y sobre todo, persiste aún el miedo al cambio, a que los próximos dirigentes inciten al odio sectario y a la sed de venganza.

A partir de 15 de marzo, la esperanza desafió al miedo y miles de sirios, cansados de esperar reformas políticas que no llegaban nunca, salieron a la calle en solidaridad con sus hermanos de Daraa. Vencer el miedo ha sido la sentencia de muerte de más de 5.000 sirios hasta la fecha, sin contar los desaparecidos, detenidos o torturados, pero también el único camino posible para vencer a la dictadura y recuperar la dignidad. Hoy Abu Jaled no susurra en el salón de su casa, sino que grita en la calle junto a miles de personas como él.

3) El despertar del pueblo sirio del letargo ideológico

Aquel terrible 18 de abril yo misma grabé estas imágenes. La escena es paralela a lo que está ocurriendo en la plaza del reloj nuevo. Algunos jóvenes que volvían de manifestarse participaron en esta protesta espontánea. Gritan: “Bashar, traidor, lleva tus soldados al Golán”.

  
La dictadura ha hecho un increíble daño a la identidad del pueblo sirio. El enfoque antiimperialista se granjeó la simpatía de quienes preferían malo conocido que bueno por conocer. El ideario político fiel al régimen corrompió las verdaderas aspiraciones de los sirios. La principal preocupación era preservar la estabilidad del país y basaron las estructuras del estado en la seguridad. Las amenazas externas eran más importantes que las reformas internas. La dinastía Assad presumía de su enemistad con Israel pero no protagonizó ni una sola incursión militar para recuperar los Altos del Golán. La terrible paradoja es que no ha dudado ni un sólo momento en usar el ejército contra su propio pueblo.

Durante estos diez meses de gestación, Siria se consume como el ave fénix para volver a empezar. La nueva nación libre sólo sobrevivirá gracias a la colaboración de la mayor parte de los grupos sociales, que formarán la nueva identidad nacional. Es la única solución que garantizará la transición hacia la democracia: sin violencia y sin miedo.

4)El empoderamiento ciudadano frente a la censura


Giath Matar repartía flores a los soldados. La voz de Qashush y su canción “Vete Bashar” se convirtió en el himno de la revolución. Los nombres de los mártires sustituyen ahora los nombres de las calles donde fueron asesinados. Se colocan publicaciones clandestinas en las puertas de las casas. Se tiñen de rojo las fuentes de Damasco en homenaje a los mártires. Los activistas encontraron en Internet el medio por el que difundir las ideas que no podían expresar en público: convocan manifestaciones cada viernes con nombres diferentes que intentan trasladar las exigencias del pueblo al ámbito internacional, fabrican pancartas, graban videos de la represión, hablan a los medios internacionales...

Difícilmente podremos olvidar este año quienes, a pesar de vivir inmersos en una pesadilla, nos sorprendíamos de la capacidad de sacrificio y resistencia de quienes diariamente veíamos morir. La prohibición de la entrada a la prensa internacional en el país fomentó el periodismo ciudadano que ha sido fundamental para demostrar las atrocidades que comete el régimen. La censura ha dejado de ser un obstáculo y la red social es la herramienta más frecuente para transmitir y adquirir información.

Las nuevas formas de comunicación son la ventana al mundo por el que nos asomamos para hacerles saber que no están solos.

5)Una nueva percepción de quienes son los enemigos y los aliados

Un nuevo paradigma internacional se abre paso tras la primavera árabe. A pesar de la clara violación de derechos humanos, Nasrallah de Hezbolá se ha mantenido fiel al régimen a costa del sufrimiento del pueblo sirio. El líder chií era admirado y respetado por su enfrentamiento con Israel, algo que interesaba a Bashar, que le suministraba armamento. Mientras Hezbolá desafiaba abiertamente al enemigo, el sátrapa utilizaba los acontecimientos para confortar a un pueblo humillado tras la ocupación de los Altos del Golán. Además, al régimen le interesaba distraer a los sirios con asuntos del ámbito internacional para que no reaccionaran ante las injusticias que él mismo cometía contra su pueblo. Otra de las razones que esgrimía para mantenerlos a raya era que sus vecinos, en especial Israel, eran países beligerantes y que por eso tenían que gastar grandes cantidades del presupuesto en la seguridad del estado, obligando a retrasar las reformas prometidas.

Tras comprobar el doble rasero de Nasrallah, que apoyaba las revoluciones árabes en todos los países menos en el que no le interesaba, el pueblo sirio se desengañó de aquel matrimonio de conveniencia. Lo mismo ha ocurrido con Irán, país que no tiene ningún reparo en administrar armamento a su mayor aliado en la región para ahogar el levantamiento. Dos años antes, él mismo contuvo la insurrección ciudadana, la llamada marea verde, como consecuencia del fraude de las elecciones que renovaron la permanencia en el poder a Ahmadineyad. A Teherán le interesa que la revolución siria no triunfe porque perdería a su mejor socio y además, se arriesgaría a que una nueva revuelta sacudiera las bases de su propio estado.

Por otro lado, partidarios de la ideología de izquierda respaldan la versión del régimen y atribuyen los asesinatos a un complot orquestado por agentes de la CIA, Israel, Arabia Saudí y Qatar para derrocar a Bashar. En especial, sectores de la izquierda española se dedican a desprestigiar las informaciones que recogen tanto los activistas sobre el terreno como los corresponsales que se atreven a entrar en el país. El argumento recurrente es afirmar que los organismos internacionales sólo denuncian a los países contrarios a Occidente, mientras que otros países como Bahrein caen en el olvido.

Este ejercicio de libertad de expresión enriquecedor contrasta con las prácticas de los países que defienden, como Siria, donde activistas como Razan Ghazawi y Hussein Ghrer o caricaturistas como Ali Ferzat han sido arrestados o torturados recientemente. Sin duda, la comunidad internacional debería responder rotundamente en todos los casos de fragante violación de derechos humanos, pero ni siquiera actúan en los casos donde, según la izquierda, “les interesa”.

Ni la Liga Árabe ni Occidente han conseguido detener la ola de violencia. Bashar juega sus cartas al tiempo que barre las protestas y se erige asimismo como el único gobernante que puede mantener estable a la nación. Los últimos atentados en Damasco, cuya autoría despierta recelos entre la oposición, generan dudas sobre el éxito de la insurrección ciudadana y confirman las sospechas de que Bashar prefiere hundir el país que abandonar el poder. Pero quedan motivos para la esperanza. Es cuestión de tiempo. La nueva Siria tiene que nacer.

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